martes, 25 de marzo de 2014

Sin Salida III. Refugio.


Cogí a James del brazo, ayudándole a levantarse. Miré a mi alrededor un instante y sujeté con fuerza mi M16.

-¡Vamos! ¡Hay que salir de este puto agujero! -gritaba John desde el rellano-. ¡Nos están rodeando!

-¿Vas bien? -le pregunté a James tirando de él-.

-Lo siento... me he convertido en una carga, jefe...

-Aquí nadie es una carga -repliqué-.

Macius se había incorporado y caminaba a escasos metros de nosotros. Me giré hacia él.

-¡Vamos Macius! ¡No te quedes atrás!

Ascendimos las escaleras con sigilo, intentando permanecer ocultos. Con suerte, no se habrían fijado en nosotros. La idea era buscar un lugar elevado dónde poder tener a tiro a esos desgraciados y, de paso, aprovechar el caos que reinaba en la calle para adentrarnos en el edificio de enfrente dónde John había visto esconderse a los del pelotón delantero. Llegamos a la azotea. Una puerta metálica, medio oxidada, nos cortó el paso. John levantó su pierna y la golpeó con fuerza en el pomo, reventando el cerrojo. La puerta se abrió ante nosotros a la vez que un aire caliente, cargado de arena, nos azotó.

-¡Allí! -exclamé señalando una chimenea de obra de gran tamaño que había al otro lado-.

Nos agazapamos y, con cuidado, vigilando a través de la mirilla de nuestras armas cualquier movimiento, nos refugiamos a la sombra de aquella estructura rectangular.

-Bien -comencé diciendo, dejando caer a James junto al muro-. John, tú vigila aquel flanco de allá, Macius...

Macius estaba aún en la puerta de salida, apretando con fuerza su M16 contra el cuerpo, mirando desesperado a un lado y a otro.

-El novato está cagado de miedo -comentó James riendo por lo bajo, sujetándose la pierna-.

-Mejor habría sido que no hubiera venido -añadió John con malicia, escupiendo a un lado-.

-Dejadlo ya -intervine-.

Corrí hacia él. Tenía la piel de la cara pálida y las manos temblorosas. Sabía que debía estar pasándolo mal, todos lo habíamos pasado mal, pero no era el momento ni el lugar para dejarse llevar por el pánico.

-¡Macius! -grité al llegar-. ¡¿Qué coño te crees que estás haciendo?! ¡Vamos!

El chico me miró un instante con los ojos abiertos de par en par. Estaba aterrorizado. Suspiré y me acerqué hacia él.

-A ver, Macius -dije apoyando mi mano en su hombro para hacer que me escuchara-. ¿Acaso no quieres regresar con Helen? ¿Es que quieres quedarte aquí a que te maten? ¿O vas a reaccionar de una puta vez?

Su cuerpo comenzó a temblar.

-Lo siento... -murmuró apartando la mirada-. Aquellos cuerpos...

-Maldita sea... ¡Sé que es duro! ¡Pero tienes que echarle huevos! Vamos a salir de aquí, ¿vale?, y lo vamos a hacer todos juntos, ¿de acuerdo?

Le cogí por la cabeza y le obligué a que me mirara.

-¡¿De acuerdo?!

Macius se quedó pensativo un instante, clavándome sus ojos verdes, sujetó el fusil con ambas manos y asintió con la cabeza.

-Bien. Vamos.

Una vez todos reunidos de nuevo, cada uno tomó su posición. Me asomé con sumo cuidado a estudiar el terreno.

En la calle, poco a poco empezaba a reinar la calma de nuevo. De los edificios derribados por las bombas que esos locos habían lanzado, salían columnas de humo negruzco. El enemigo, parecía estar satisfecho con aquel destrozo, y parecía tener la intención de retirarse. Pero justo cuando comenzamos a suspirar ligeramente aliviados, pensando que podríamos salir de allí con vida, unos disparos resonaron desde la otra punta de la calle. Unos tipos que habían entrado a buscar los cuerpos de los que se pensaban que ya debían estar muertos, cayeron abatidos por las balas. El caos volvió a reinar el lugar. Me agaché con el corazón en un puño, comprobé la munición, y me volví a asomar. Los gritos de los soldados, desconcertados, cayendo uno a uno, se clavó en mis oídos. Con la mira telescópica intenté buscar qué es lo que estaba pasando, cuando mis ojos se abrieron de par en par por la sorpresa. ¡Era el pelotón de avance! Dispuestos en diferentes puntos del viejo edificio, disparaban con una certeza que no dejaba lugar a dudas de por qué eran considerados uno de los pelotones mejor formados de nuestro regimiento. Me fijé en la reacción del enemigo y media sonrisa apareció en mis labios. Con mi placa, hice señales a nuestros compañeros. ¡Aún teníamos una posibilidad! Desde el edificio contrario, unos reflejos de luz me confirmaban que nos habían localizado. Corrí hacia James.

-¡Son el pelotón de Charles!

-¡Jefe! -gritó John desde el otro lado de la azotea, sin dejar de mirar a través de la mirilla de su arma-. ¡Se están reagrupando! ¡¿Qué hacemos?!

-Bien... -murmuré pensativo-. A ver...

Me incorporé y miré a mi alrededor. Macius parecía que había recuperado la compostura. Y eso nos sería muy útil, había demostrado lo hábil que era en los disparos de alta distancia.

-¡Vale! ¡Escuchad! -grité intentando que me oyeran con el ruido ensordecedor que nos envolvía-. ¡Entraremos en acción! ¡Nuestros compañeros están en minoría, y nosotros contamos con el factor sorpresa! ¡Macius!

Macius se giró hacia mí.

-¡Colócate ante aquella columna, y cuando tengas a alguien a tiro, machácale!

Asintió y corrió hacia el lugar indicado.

-¡John! ¡Tú cúbreme las espaldas!

-¡¿En qué estás pensando?!

-¡¿Ves al tipo de la boina morada?! -dije acercándome al borde del edificio-. He notado que el resto actúan de un modo bastante sumiso con él... Creo que es el cabecilla de esos cabronazos.

-¿Y qué? ¡Desde aquí podemos meterle un tiro entre ceja y ceja!

-¿Y acabar volando por los aires? Esta gente está chalada... Si ese bastardo muere, lo harán explotar todo.

-Vale, vale... ¿Pero entonces qué quieres hacer?

-¡Tú haz lo que te he dicho!

Corrí hacia las escaleras y bajé con rapidez los peldaños. La entrada al edificio parecía desierta. Me asomé con cautela. Despejado. Un vehículo a varios metros de dónde me encontraba me serviría de escudo. Corrí hasta él y me refugié. El ruido ensordecedor de los disparos atronaba mis oídos. Elevé la mirada y John me hizo un reflejo con su placa, estaba preparado.



 “-Perfecto -pensé-. Bueno, espero que esto salga bien...”

                                                                                     Continuará...

Obra registrada en SafeCreative a nombre de Carmen de Loma. 

2 comentarios:

  1. La idea de Miller ha sido muy buena. Veremos como se defienden.
    Bueno, hoy me he pasado por cuatro de tus relatos. Ya sólo me quedan los de la llamada. Pero tendré que comenzarlos otro día. Me lo pasé muy bien en tu rincón, cuando quieras estás invitada al mío.
    Saludos, besos y abrazos.
    Nos leemos.

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    1. Muchísimas gracias por pasearte por mi trocito de nube :) Estás invitado cuando te plazca.
      A mí ya sabes que me encanta tu pequeño rincón de fantasía, a sí que no tardarás en tenerme por allí de nuevo ^^ Me muero de ganas de saber qué pasará con Erdwill (que, por cierto, ya tardas, eeehhh??? jejeje) y seguir adentrándome cada vez más en el mundo de las Dragonstones.
      Un abrazo con todo el cariño del mundo :)
      ¡Nos leemos!

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