jueves, 18 de septiembre de 2014

La llamada. Capítulo 2.

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Ermita de Santa María de Melque.
San Martín de Montalbán.
Toledo.


San Martín de Montalbán. Provincia de Toledo. 


Las horas pasaban con suma lentitud. Luis miró su reloj de pulsera por quinta vez. Levantó los brazos y los estiró en un intento por mantenerse despierto. Estaba siendo una noche de lo más tranquila. Y en la comisaría, los días así, resultaban tediosos. 

Se levantó y se dirigió hacia la máquina de café. Era su tercer café en dos horas. Metió la moneda en la máquina y, en ese momento, sonó el teléfono. Cogió el café de la máquina y corrió hasta su mesa. Descolgó el auricular y se sentó en su silla, dejando el café junto a una montaña de papeles.

-Sargento Gómez al habla.

-Hola Gómez -dijo una voz femenina desde el otro lado del auricular-. Te tienes que venir a la Ermita...

Gómez se apoyó en el respaldo de su silla y levantó la vista al techo.

-¿Qué ha pasado?

La voz tardó unos segundos en responder.

-Será mejor que lo veas por ti mismo. 

Gómez se quedó en silencio un instante y suspiró. 

-De acuerdo. Voy para allá. 

Dicho esto, colgó el auricular. Se bebió el café de un trago y se dirigió hacia recepción.

-Laura, tengo que salir un momento -dijo descolgando la chaqueta de la percha-.

-Vale.

Salió al exterior y metió la mano en su bolsillo buscando las llaves del coche patrulla.  

-Mierda... -dijo al recordar donde las había dejado-. 

Miró su reloj y chascó la lengua. Carla ya debía estar dormida. Volvió a subir las escaleras que ascendían a la comisaría y desde la puerta gritó:

-¡Laura! ¡Llama a Mamen! ¡Dila que Carla se ha llevado las llaves del coche! 

-Si quiere le dejo mi moto, sargento. Está aparcada aquí detrás.

Luis quiso negarse, no le gustaba la escasa sensación de estabilidad que le daban esos cacharros de dos ruedas. Pero era la manera más rápida de llegar hasta la Ermita.

-De acuerdo... -murmuró-. 

El rugido de la Naked resonó por las callejulas del pueblo. Giró en la plaza y cogió la carretera que le llevaría directo hasta la Ermita de Santa María de Melque, que quedaba a las afueras. No podía dejar de darle vueltas a la cabeza. ¿Qué es lo que encontraría? ¿Y por qué Mamen no se lo había querido explicar? En la oscuridad de la noche, las luces de una ambulancia y un coche patrulla resplandecían a lo lejos. Ya estaba cerca. 

Aparcó la moto junto al vehículo de su compañera y se encaminó hacia la parte trasera del edificio donde se escuchaban las voces. 

-¡Gómez! -gritó Mamen al verle-. Gracias por venir. 

Miró el casco que traía en la mano y, sorprendida, exclamó:

-¿Has venido en moto?

Luis levantó el casco y con un aspaviento dijo:

-¿Esto? Es una larga historia. Venga, enséñame eso tan importante y que no podías decirme por teléfono.

Mamén asintió y le indicó que le siguiera. Bordearon la ambulancia y se dirigieron hacia la explanada que se abría detrás de la ermita. Varios hombres, ataviados con el chaleco reflectante de los sanitarios, se arremolinaban alrededor de algo. Al llegar, uno de ellos se giró a mirarles y, tras tapar con un plástico lo que estuvieran observando, se incorporó.

-Buenas noches, Luis -dijo Carlos pasando el dorso de la mano por la frente-.

Estaba pálido. 

-Qué pasa, Carlos. ¿Qué ha pasado? -contestó agachándose y levantando el plástico-.

Lo que vio le golpeó en la boca del estómago. El rostro desfigurado de una joven yacía inmóvil frente a él. 

-Pero qué coño... 

-Estaba en mi ronda cuando un tipo me hizo parar. Se le veía nervioso -comenzó a explicar Mamen-. Cuando he parado, me ha dicho que había un muerto. Al principio pensé que estaba delirando. Digamos que iba bien cargado... Pero el hombre ha insistido tanto que le he acompañado hasta aquí.

-¿Sigue aquí? -preguntó Luis-.

-Sí, está en la ambulancia en estado de shock -intervino Carlos-. Estamos esperando a ver si se calma antes de poder hablar con él.

-Bien, continúa.

-Cuando hemos llegado ha sido cuando he visto el cuerpo... 

Mamen miró el rostro de la joven y apartó la vista apenada.

-Ya veo... -dijo frotándose la barba. Miró a Carlos y añadió-. ¿Causa de la muerte?

-Un disparo en la cabeza. Tiene toda la pinta de haber sido desde atrás. El rostro ha quedado totalmente desfigurado.

-De acuerdo... 

Luis se alejó unos metros y rebuscó en su chaqueta. Sacó la cajetilla de tabaco y se colocó un cigarro en la boca. Mamen se colocó junto a él y, tapando la llama de su mechero para que no se apagara, le dio fuego.

-¿Sabemos quién es? -dijo tras darle una calada al cigarro-.

-He rebuscado en los bolsillos y he encontrado su cartera. Al parecer, y según el carnet que he encontrado, es una extranjera.

-¿Una extranjera? Lo que nos faltaba...

-Sí. De nacionalidad británica. Según parece estaba colaborando en un estudio del departamento de Arqueología de la Universidad Complutense...

Cerca de las ambulancias se escucharon gritos. Alguien discutía. Luis y Mamen se miraron entre sí.

-¿Pero qué pasa ahora...? -dijo Luis agotado-.

Se encaminaron hacia ellos. Un hombre vestido de negro discutía con uno de los sanitarios, que le sujetaba por el pecho cortándole el paso. Luis se acercó hacia ellos.

-¿Qué está pasando aquí?

-¡Oh! ¡Señor Gómez! -gritó el párroco al reconocerle-.

-¡Padre! ¿Se puede saber qué hace usted aquí tan tarde?

El Padre Juan se acercó a él. 

-¿Qué ha pasado? ¡Este hombre no me deja acercarme a la ermita!

-Ha habido un incidente. No le podemos dejar pasar -dijo cogiéndole del brazo para calmarlo-. No me ha contestado. ¿Qué hace aquí?

-He venido a buscar a Lucy. No ha regresado a casa.

-¿Lucy? -dijo mirando de soslayo a Mamen que asintió con la cabeza-.

-Padre, venga conmigo, por favor. 

Se encaminaron hacia la entrada delantera de la ermita y le hizo sentar en el banco de piedra que había junto a la puerta.

-¿Conoce a Lucy?

-Claro. Fue enviada desde Nueva York como apoyo a la investigación que el Doctor Thomson está llevando a cabo en nuestra ermita y en el castillo templario. La diócesis me pidió que cuidara de ella. Pero aún no ha regresado. ¡Y mire qué horas son! ¡Tengo que ir a buscarla!

-Padre. Cálmese, ¿de acuerdo? Lucy no va a poder regresar a casa. 

El padre Juan le miró con ojos hundidos. Quiso decir algo, pero apenas pudo pronunciar palabra.

-Lo siento, Padre... Lucy ha fallecido.

El padre Juan se incorporó despacio. Miró a su alrededor y sintió cómo su mente se desvanecía. Luis le cogió por el brazo.

-Padre, por favor. Necesito que me diga una cosa más. ¿Podría decirme qué hacía Lucy a estas horas en un lugar cómo este, perdido de la mano de dios?

Juan se cogió a su brazo a la vez que las lágrimas resbalaban por sus mejillas. 

-No lo sé... Sólo sé que ha recibido una llamada de su superior, la Doctora Alyssa Jules, ha cogido su maletín de trabajo y se ha marchado sin más...

-¡Gómez! -gritó Mamen desde el coche patrulla-.

Luis se giró a mirarla. Mamen hizo un gesto con la cabeza y señaló un coche negro aparcado junto a la moto de Laura. Dos hombres trajeados bajaron del vehículo y se acercaron a ella. Luis se encaminó hacia ellos.

-No está permitida la entrada -dijo tan pronto se situaron a su lado-.

Uno de ellos, el más viejo, sacó una cartera de piel oscura y abriéndola, dejó ver su placa de Agente de la Interpol.

-El agente Thomas -dijo con acento extranjero señalando a su compañero-. Y, yo, el agente Gordon. 

Luis miró la placa y luego les examinó con detenimiento.

-¿Se puede saber qué hace la interpol en mi pueblo? 

-Este caso queda fuera de su jurisdicción, Señor Gómez. 

Se acercó a Mamen y le arrancó la carpeta que sujetaba entre sus manos. 

-Ya se pueden retirar. Han hecho un gran trabajo. Pero de aquí en adelante nos haremos cargo nosotros.

-¡Venga ya! ¡¿Quién demonios se cree que son?! -exclamó Luis en respuesta al tono insufrible de aquel hombre-.

-Sargento -murmuró Mamen cogiéndole del brazo para retenerlo-. No se deje embaucar.

El agente Thomas, sin más, levantó la mano que sujetaba un móvil y se lo colocó a escasos centímetros de su cara. Luis lo cogió contrariado y se colocó el teléfono en la oreja.

-Gómez. Retírese.

-Pero, Señor. Es un caso de a...

-Es una orden -le increpó la voz-.

Luis se apartó el auricular y lo miró sin entender a qué venía el tono de su jefe. Miró a Mamen y, apretando los puños de rabia, asintió, cerrando así la investigación. 


Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SaveCreative.

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10 comentarios:

  1. ¡Hala! Está genial! Esa investigación suspendida... mala cosa jeje
    Seguiré atenta.
    Un beso!

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    1. ¡Muchas gracias! A ver qué pasa más adelante, jejeje
      ¡Un besote!
      :)

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    2. Fantastica. A esperar con impaciencia, podran continuar el caso? Todo queda en el aire. Un beso guapa :)) Hasta el proximo capítulo.

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    3. ¡Muchas gracias Marien! :)
      Un besote para ti también ^^

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  2. ¿La Interpol? Esto es más grande de lo que parece. Tendré que esperar a ver cómo sigue.

    Saludos.

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    1. XD Uff... No sé ni donde me estoy metiendo, jejeje.
      ¡Gracias por comentar!
      ¡Un abrazo! ^^

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  3. Estoy seguro que Gómez seguirá adelante por su cuenta. Jeje.
    Saludos.

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    1. ¡Buenas!
      Yo no digo nada, jejeje Ya lo verás ;)
      Un saludo!! :D

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  4. Intriga en el uno. Ahora enredo. Un asesinato en la ermita, y llega la interpol. La ventaja que ya estan todos los capitulos y podré leerlos seguidos.
    ¡saludos!

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    1. Pues sí, parece un poco lioso, pero aunque parezca que son dos historias separadas, terminan confluyendo :) Espero que te guste y que te haga pasar un buen rato :D

      ¡Abrazo! Y gracias por leer y comentar.

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