jueves, 23 de abril de 2015

El Resfriado.

Tirada de dados del 06/04/2015 de "Mundo Literario".



Aquel día Daniel estaba algo resfriado. Se colocó el termómetro y esperó sentado en el sofá, arrullado por la manta de pelo negro que le regalaron las navidades pasadas.

Pi... Pi... Pi.

Lo sacó y miró lo que marcaba. 38.5º.

«Mierda... estoy peor de lo que creía...»

Se levantó sujetando la manta para que no se le cayera y se acercó al baño. Abrió el armario que había bajo la pica y rebuscó entre los botes de medicinas hasta que encontró lo que buscaba. Giró el bote y leyó en voz baja.

Indicaciones: Para aliviar los síntomas gripales y catarrales... bla, bla, bla... –murmuró pasando el dedo por la etiqueta–. Bah... Es igual, seguro que me sirve.

Se fue a la cocina, llenó un vaso con agua y puso el bote boca abajo. Sacó una píldora, que metió en su boca, y se la tragó sin esfuerzo, dándole un buen trago al vaso de agua.

El dolor de cabeza se hizo punzante. Tosió con fuerza a la vez que el pecho parecía desgarrarse y se dirigió hacia el sillón de nuevo. Se acurrucó y encendió el televisor. La banda sonora de la película que emitían le hipnotizó. Cerró los ojos y con la suave melodía que salía del aparato, se quedó dormido.

Un fuerte dolor en el brazo le despertó. Abrió los ojos y se tocó el brazo. Estaba caliente y parecía inflamado.

Se observó la zona dolorida y vio algo clavado. Levantó el brazo y lo miró al trasluz. Un pequeño aguijón seguía clavado en su carne. Buscó con la mirada el maldito bicho que le aguijoneó y, en el suelo, junto al brazo del sillón, vio una pequeña abeja. Estaba muerta. Pero para cerciorarse, cogió la zapatilla y golpeó el suelo con fuerza, sintiendo el crujido del insecto al quedar aplastado contra la losa.

Maldito bicho...

Tiró del aguijón y lo arrancó. Un líquido amarillento empezó a salir del pequeño orificio que dejó.

Pero qué... –exclamó pasando la mano para limpiarlo, mientras resbalaba hacia abajo por el empuje de la gravedad.

El olor que desprendía era fuerte. Arrugó la nariz asqueado.

«No recordaba que la picada de la abeja apestara de esta manera», pensó dirigiéndose hacia el baño para lavar la picada.

En ese momento el dolor de cabeza regresó con más fuerza. Se apoyó en la pica, colocando una mano en su frente, y gimió a la espera de que el dolor remitiera. Unas fuertes arcadas acompañaron su malestar.

Maldita sea... Estoy peor que antes... Puta pastilla... No me ha hecho nada de nada...

Un fuerte alarido, que provenía del rellano de la planta de su edificio, le detuvo en seco. Otro alarido, esta vez más fuerte y estridente que el anterior, volvió a resonar junto a la puerta del pequeño apartamento que compartía con Miguel, otro estudiante que, como él, obtuvo una beca para ir a la ciudad a estudiar en la Universidad. Se acercó tambaleante hacia la puerta. La vista se le nublaba por la fiebre. Se detuvo un instante y se frotó la cara para limpiar el sudor que, poco a poco, empezaba a empapar su piel. Pegó su cara a la puerta y puso su ojo en la mirilla para ver de dónde demonios venían aquellos gritos estremecedores que resonaban una y otra vez. Desde allí parecían los gruñidos de algún tipo de bestia. Buscó con el ojo. Pero el rellano parecía estar desierto.

«Juraría que esos malditos gritos venían de aquí», pensó apartándose y apoyándose con el hombro en la madera. Puso la mano en su frente. «Maldita sea... La cabeza me va a estallar».

En esta ocasión, el grito sonó justo al otro lado de la puerta. Daniel se apartó acongojado y se apresuró en acercarse hasta la mirilla para ver qué clase de animal podía producir aquellos gemidos. Acercó el ojo y, en el momento en que se asomó, a través de la visión distorsionada que creaba el grueso cristal, vio a una especie de simio acercando su boca abierta hacia él. Sus dientes eran de un tamaño considerable, y de sus labios goteaban unas enormes gotas color carmesí que brillaban al trasluz de las lámparas que iluminaban el rellano. Daniel se apartó ahogando un grito de espanto. Los ojos del mono, amarillentos y de una fiereza que cortaba el aliento, se le clavaron en la retina. Dio dos pasos hacia atrás alejándose de la puerta. Algo golpeó la puerta con una fuerza descomunal. Se asustó. Debía esconderse. Ese mono... Ese mono.... El animal volvió a golpear la puerta, esta vez con mayor violencia. Daniel cayó al suelo aterrorizado. La fiebre le hacía resoplar casi extenuado.

Los golpes cesaron.

El silencio, sólo roto por las voces que procedían del televisor, empezó a tranquilizarlo. Intentó ponerse en pie. Un trueno retumbó en el exterior. Daniel se giró hacia la ventana. Unos nubarrones negros cubrían el cielo que, de vez en cuando, quedaba iluminado por el resplandor de los rayos que cruzaban la ventana de punta a punta. Llovía.

De pronto, un ruido familiar le alarmó. Miró la puerta y vio que el pomo bajaba despacio.

¡Miguel! –gritó–. ¡¿Eres tú?!

Nadie respondió. La puerta cedió. Algo la empujó con cuidado, abriéndola centímetro a centímetro.

¡¿Quién hay?! –volvió a gritar, esta vez notando cómo el corazón se le aceleraba.

Unos dedos peludos y negros sujetaron el marco de la puerta. Daniel se puso en pie lo más rápido que pudo. Sintió un ligero mareo y ganas de vomitar. Se apoyó en la pared y cerró un ojo intentando enfocar el otro. La puerta cedió aún más. En el umbral, el mono, de metro veinte, le miraba fijamente. Pensó que debía estar soñando. Aquel animal parecía mofarse de él con la mirada. Y en sus labios parecía dibujar una sonrisa tétrica. Asustado, se intentó alejar de aquella bestia. Pero el mono empujó la puerta hasta quedar abierta de par en par. Cuando vio la sangre que salpicaba la madera, el pánico le devoró. El mono balanceaba un brazo humano como el que sujeta un palo.

Daniel empezó a correr hacia la sala. Al entrar, se golpeó contra la mesa haciendo caer la manzana que no pudo comerse antes. Miró a sus espaldas. El mono torció el gesto. Parecía enfadado. Apartó la silla de un empujón, para que le bloqueara el paso, y corrió hacia el baño. Cerró la puerta y, con temblor en las manos, intentó cerrar el pestillo. Sus dedos resbalaban. Justo al cerrar el cerrojo, un golpe en la puerta le tiró de espaldas, cayendo de culo. Empezó a sudar. El miedo recorría cada célula de su piel. Se apartó de la puerta empujando su cuerpo con la piernas y chocó contra la bañera. Respiraba agitado. Empezó a sentirse mareado. Dio fuertes bocanas de aire para intentar calmarse. Pero el pecho le ardía. Intentó ponerse en pie. Resbaló y se golpeó la cabeza con la bañera. Aturdido, quedó boca arriba, sangrando por la cabeza. Los alaridos del mono seguían retumbando en su cabeza. Los golpes en la puerta no cesaban. Un sudor frío empapó su cuerpo. Su vista se nubló y perdió el conocimiento.

Dani...

Alguien le llamaba. La voz le llegaba distorsionada, como si se encontrara en un túnel y las palabras retumbaran en las paredes. Intentó abrir los ojos pero la vista estaba borrosa y no podía distinguir nada.

Dani...

Sintió que le zarandeaban. Y cómo de su boca caía algo que humedecía su barbilla. Su corazón latía con tanta fuerza que pensó que no podría soportarlo mucho más. Sentía que en cualquier momento le iba a dar un soponcio. Le vino una arcada. Un escalofrío. Y, por fin, silencio.

¡No me jodas, Dani! ¡No te vayas! –gritó Miguel, arrodillado a su lado, golpeándole en la cara.

Se levantó y mojó una toalla con agua. Se la puso en la cabeza y le intentó reanimar.

Vamos, Dani, tío, no me hagas esto...

Daniel dio un respingo. Miguel se puso de rodillas junto a él y le tumbó de lado mientras su amigo vomitaba. Algo más aliviado, se dejó caer junto a él, sentado sobre una de sus piernas. Daniel abrió los ojos.

¿M... Miguel? –balbuceó al ver a su compañero sentado a su lado.

Joder macho... ¡Vaya susto que me has dado, cabrón!

Golpeó algo con la mano. Se giró a mirar que era y, al ver el bote de medicamentos, soltó una fuerte risotada. Guardó las dos pastillas que quedaban por el suelo y escondió de nuevo el bote.

Si te querías colocar haberte esperado a que yo llegara, ¿no? Qué hijo puta...

Daniel no entendía por qué le decía eso. Pero se sintió aliviado de que el mono no estuviera allí. Miguel le ayudó a levantarse.

Anda, vete a la cama a que se te pase el colocón...

Una vez en su cuarto, se tumbó en la cama. Al cerrar los ojos los alaridos regresaron. Y el sudor frío volvió a empapar su espalda. ¿Pesadilla o realidad?

Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SafeCreative.

10 comentarios:

  1. Al final no he sabido muy bien si el mono era una alucinación provocada por las pastillas, o no. Aunque creo que sí.
    Saludos.

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    1. ¡Hola José!

      Bueno, en eso os dejo la interpretación que cada cual quiera ;) jejeje Final abierto.

      ¡Un saludo!

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  2. Un relato en donde ilustras muy bien le confusión entre la realidad y el delirio. Intenso cuento, Carmen.
    Abrazo!

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    1. ¡Hola Federico!

      Muchas gracias :) La idea era esa, confundir al lector, ¿donde está la realidad y donde el delirio?

      Gracias por pasarte y comentar. ¡Un abrazo! :D

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  3. ¡Pero qué...! ¿Está drogado o qué? Je, je, je. Me encantó el suspenso que tiene... aunque ese mono me da desconfianza, je, je. ¿Acaso has participado en un concurso? Veo palabras subrayadas... Apuesto a que debiste usarlas sí o sí en el relato, ¿no? Je, je.

    Lindo relato. Nos vemos en la próxima. ¡Saludos!

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    1. jejejeje Yo diría que se equivocó de pastilla el pobre, y sin saberlo.XD
      A partir de ahora no verá a los monos de la misma manera... (y creo que yo tampoco >_< )

      Más que un concurso es un juego. Lanzan unos dados con imágenes y tienes que escribir un relato donde salgan las nueve imágenes, que en esta tirada eran las palabras que subrayo. Es divertido ver cómo se van entrelazando las palabras y al final surge una historia :D

      ¡Gracias por el comentario! ¡Saludos! ^^

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  4. jojojo, vaya colocón! Un mal viaje sin duda. Por historias que me han contado, lo viven y lo recuerdan como si fuera palpable así que.....será la mala pasada de nuestra mente pero es real en cierta manera. Es genial Carmen, me encantó. El maravilloso mundo del lsd, ajjaja. Vaya tela con el colega de Dani, que capullo. Podía haber puesto una etiqueta o guardarlas en otro lado. Un abrazo fuerte :)

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    1. Jajajajaj sí, pobre... lo pasó mal de verdad XD
      Y su amigo es un mamón, que encima va y se parte de él cuando se da cuenta de lo que ha pasado jeje
      Muchas gracias! Me alegro de que te haya gustado :)
      Un abrazo!!

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  5. Me encantó Carmen, esa confusión entre lo real y lo imaginado te tiene en vilo hasta el final y la interpretación que deduzco aun me despierta más la imaginación, pero no la comentaré aquí para no influir en la que se lleven otros lectores. Eres una maestra de la intriga. Un besote y felicidades

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    1. ¡Hola guapísima!
      Muchas gracias, jeje Me alegro de que te haya gustado la confusión creada ;)
      O_o ¿Maestra? Uooohhh jeje Me voy a poner roja ^^ No creo que sea para tanto, pero se agradece de verdad :D

      Un besote!! Y a disfrutar del puente ^^

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