jueves, 28 de mayo de 2015

Tsunami.

Imagen del largometraje "Lo Imposible",
del director Juan Antonio Bayona.


El muro de agua llegó sin apenas darnos cuenta. Jamás imaginé que el agua tendría esa fiereza. Como si de un camión quitanieves se tratara, arrastró todo a su paso. Árboles. Casas. Postes de luz... Todo a mi alrededor estaba siendo derribado. Destrozado. 

Lo primero que pensé fue que debía apretar todos los músculos de mi cuerpo para frenar el golpe que me esperaba. Cerré los ojos con fuerza. Me encomendé a un dios al que desde niña no había vuelto a mentar. Y cogí todo el aire que mis pulmones fueron capaces de absorber.

El impacto fue mayor de lo que imaginé. El golpe me obligó a soltar el aire. Mi cuerpo empezó a retorcerse sin control, arrastrado sin remedio por aquella masa de agua, con cascotes y trozos de madera que guardaba para mí como regalo de bienvenida. Intenté abrir los ojos pero el agua turbia apenas me dejó ver. Un fuerte pinchazo en mi pierna me hizo gritar. Tapé mi boca con las manos desesperada por guardar el poco aire que me quedaba. Otro impacto. Mi cuerpo golpeó con fuerza una pared. El agua, que me aplastaba contra el muro, me fue arrastrando hacia arriba hasta sobrepasarlo. Dejé escapar un grito de dolor al sentir cómo parte de mi piel se desgarraba y quedaba pegada en él. 

Conseguí sacar la cabeza deseosa de tomar una bocanada de aire. El ruido ensordecedor de los gritos desesperados, de la furia del mar, de los árboles tronchándose, se clavó en mis oídos. El agua volvió a hundirme y , esta vez, sentí cierta calma. El ruido había desaparecido. Logré abrir un ojo. Parecía que los objetos a mi alrededor bailaran al son de la corriente. Deseaba dejarme llevar por aquella danza. Dejarme llevar por aquel baile mortal... Pero la imagen de mi hijo se presentó ante mí haciéndome regresar de nuevo. No podía rendirme. No podía esperar a la muerte así, sin más.

Un palo metálico se acercó veloz hacia mí. Intenté esquivarlo. Me sujeté a un tronco y tiré de mi cuerpo, casi sin fuerzas, para evitar quedar empalada en aquellas malditas aguas. Pasó sin rozarme. Le seguí con la mirada y el rojo nubló mi vista por un instante. Al disiparse la turbidez grana mi corazón dio un vuelco. Un hombre recibió el lanceo que estaba destinado a mí. Arcadas acompañaron entonces mi viaje. Miré a mi alrededor y vi más personas como él, arrastradas sin control, siendo ensartadas por objetos de mil formas distintas. Horror. Terror. Desesperación. Cada uno de aquellos rostros cargaban su dolor y lo grababan a fuego en mi memoria.

Noté que la fuerza del agua disminuía. Un rayo de esperanza que me dio las fuerzas para aguantar un poco más la arremetida. Sujeta a aquel árbol muerto, mi mente hacía verdaderos esfuerzos por no pensar en nada. Por simplemente trasmitirle a mis músculos que no cesaran de apretar. 

Cuando por fin llegó la calma, apenas me quedaban fuerzas para mantener la cabeza fuera del agua. Mi espalda me ardía como si estuviera en carne viva. La herida de mi pierna continuaba sangrando, debilitándome aún más.

Lo que no imaginé era que la corriente regresaría. 

Esta vez, los cadáveres y los restos de aquel lugar paradisíaco regresaron a mí sin avisar.

No me quedaban fuerzas. No podría soportar otra embestida más... Me intenté erguir y la puerta de un vehículo salió despedida contra mí. 

Ya no recuerdo nada más.

Desde aquel día vago de arriba a abajo por esta playa sacada de una postal. Miro el mar y su inmensidad y me doy cuenta de lo insignificantes que éramos. 

Me giro hacia tierra firme. La vegetación vuelve a cubrir la zona del desastre. Miles de cuerpos aún siguen allí sin poder ser rescatados, hundidos entre el lodo y el barro que ahora alimentan la selva. Y, entre ellos, el de una mujer que intentó sujetarse a un tronco. Que aguantó la arremetida. Pero que, por un destino macabro, no volvería a respirar, dejándola atada para la eternidad en esta tierra perdida...


Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SafeCreative.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Mirando al Cielo

Microcuento basado en una imagen.



Sentir que la vida pasa, que los sueños rotos se esparcen a lo largo del camino, que el amor no existe... Sensación de vacío que me hunde y borra la sonrisa de mis labios. Una sonrisa que en su día fue por ti. 

No voy a llorar. Ya son demasiadas las lágrimas derramadas. Solo voy a dejar que mi pena sea mi compañera de viaje. Que mi tristeza sea mi guía en los días que me esperan. Y no volveré a amar. ¿Para qué? ¿Para qué voy a dejarme llevar de nuevo por aquello que llaman amor? Eso sería tropezar en la misma piedra que hoy me ha hecho caer y que aún escuece dentro de mi pecho...

Quizá algún día pueda volver a sonreír. Quizá pueda volver a sentir las ganas de vivir. Pero, de momento, con los ojos cargados de tristeza, sólo puedo levantar la vista al cielo y esperar.

Obra registrada a nombre Carmen de Loma en Safecreative.


viernes, 8 de mayo de 2015

La Llamada. Capítulo 21.

Capítulo escrito por J.C. Amante. Para acceder a la publicación de su blog, haz click aquí.



La noche seguía avanzando en Toledo, en la pequeña iglesia había dejado de sonar el silbido y los impactos de bala, el murmullo de policías locales se había extinguido al poco rato de que Carlos diera la orden. Ahora quedaban nuestros protagonistas acogidos por aquellas fachadas antiguas que en otro tiempo habían dado fe a muchas personas. El olor del material de las paredes desconchadas por los impactos se hacía presente, tanto que el silencio que reinaba transportaba las mentes de nuestros protagonistas a acontecimientos recientes vividos y a posibles futuros por vivir.
Lolo colocó una mueca de dolor y gimió entre dientes al notar la herida en su brazo cuando intentaba incorporarse de su improvisado asiento en el suelo. Alyssa a la cual le sudaban las manos mientras jugueteaba con ellas impaciente y pensativa, se dio cuenta y fue hasta él.
Deja que te ayude— lo sostuvo.
No es nada de verdad— respondió el antiguo amigo de Gómez.
Ya… no es nada, un impacto de bala es… como un rasguño verdad.
Lolo colocó una leve sonrisa cuando escuchó el comentario de la joven doctora.
Bueno… como un rasguño no es; duele algo mas— sus miradas se cruzaron.
Siéntate aquí, estarás más cómodo… deja que le eche un vistazo.
Alyssa abrió algo más el agujero de bala en la tela de la camiseta de Lolo, su mueca fue una mezcla de dolor y de incertidumbre. Palpó por detrás del hombro, mientras Lolo hacía esfuerzos por soportar el dolor.
Parece ser que la bala no ha salido por detrás… así que aun la tienes en tu interior.
Bueno… así solo me coserán por un lado— rio Lolo con dolor.
Eres muy optimista— sonrió ampliamente Alyssa tras escucharlo.
Unos pasos decididos se acercaron a ellos, unos pasos que parecieron llenar toda la pequeña iglesia.
¿Cómo está?— preguntó Gómez con dureza y autoridad en su voz.
Estaría mejor si le sacarán la bala de dentro.
Sep… se sumó al comentario de Alyssa— añadió Lolo.
Ya el problema es que el hospital ahora queda un poco lejos de aquí, y no es el mejor momento de llevarte Lolo.
Sep… eso también lo sé Gómez.
¿No podrías hacer algo tu Alyssa?... en fin eres doctora.
Bueno… pero no soy doctora en anatomía humana, soy doctora en mi campo que es la datación de objetos antiguos y la genética.
Bueno Lolo has perdido tu oportunidad de que te saquen el plomo ahora— sonrío duramente Gómez.
Lolo rio por lo bajo, y miro a su gran amigo, Alyssa ahora los miraba a ambos dándose cuenta de que, tanto esos hombre serían capaces de darlo todo por la amistad que tenían.
Gracias doctora— mencionó Lolo
No hay de qué— respondió, dándose cuenta de que ambos querían un momento a solas— si puedo ayudar… en fin, no me iré muy lejos.
La doctora se retiró sonriendo a ambos y se fue en busca de Cristian, que se encontraba cerca del altar, contemplando al ángel envuelto en las sabanas. Cuando ella estuvo cerca, de Molay se giró.
Oh! Eres tu Alyssa.
Vaya visto así con más calma… te das cuenta de que es real— respondió ella.
Muy real y… muy peligroso, no podemos entregárselo al priorato o el mundo tal y como lo conocemos cambiará por completo y una época oscura se extenderá ante nosotros.
Por otro lado esta lo de la familia del sargento— argumento la doctora aun con la mirada clavada en el ser.
Eso es lo que debemos de salvar… debemos de hacernos con la mujer y la hija sin tener que llegar al intercambio.
Si ¿pero cómo?
Esa es la respuesta que estoy buscando.
Mientras tanto Lolo y Gómez charlaban aun sobre sus cosas algo apartados y sentados en un banco de madera antigua astillado por las balas.
Sabes que te necesito en esto más que nunca ¿verdad Lolo?
joder Gómez, claro que lo se ostias, crees que me voy a quedar de brazos cruzados viendo como está en peligro tu familia. Podría llevar tres balas en el cuerpo que aún estaría a tu lado.
Es una alegría que Ángel y tú estéis aquí… de esta manera me siento con fuerzas para afrontar lo que pueda venir.
Lolo lo miró mientras la mirada de Luis se perdía en la lejanía, como si pudiera ver más allá de las paredes. Al parecer el sargento estaba mostrando su lado más humano con él, ese lado que tanto le cuesta mostrar.
Con el brazo de su hombro bueno, Lolo lo tomó por los hombros y se lo acercó.
Mira Luis… hemos pasado por muchas cosas juntos y cuando esto pase lo recordaremos como una cosa más de estas que hemos pasado. Estamos juntos Ángel tu y yo como siempre y siempre nos han salido las cosas bien— hizo una pausa— hemos sufrido pero nos han salido bien, así que esta ocasión no va a ser diferente. Lo que tienes que hacer ahora es centrarte y decirnos qué coño quieres que hagamos, ¿entendido?.
Gómez lo miró, asintió con la cabeza dándole la razón con una mirada dura y de pura decisión.
Tienes toda la razón.
Se levantó impulsado por las palabras de su amigo, en ese momento miró a su alrededor y vio como Ángel y Carlos entraban en la iglesia, sin dejarlos tomar aliento les habló con autoridad.
¿Habéis encontrado algún lugar propicio para el intercambio?
Alyssa vio en los ojos de Luis un fulgor como no había visto antes, estaba claro que estaba dispuesto a recuperar a su familia a toda costa.
Es complicado Luis—respondió Ángel— ahora por ahora el mejor lugar para hacer un cambio es aquí dentro a no ser que quieras hacerlo en un campo con poquísimas coberturas
A esas poquísimas coberturas le podemos sumar la que nos puedes dar tú desde el campanario, a la vez que Carlos te cubre a ti evitando que suba nadie por las escaleras.
En ese momento Cristian se acercó a ellos, y Alyssa no dudo en hacer lo mismo.
Pero Luis, no podemos entregar el ser al priorato— dijo el gran maestre duramente.
Y no lo haremos— respondió mientras ambos se enfrentaban con las miradas— lo que vamos hacer es darles por el culo a esta panda de hijos de puta… vamos a acabar con ellos.
Cogió su placa que llevaba colgada del cinturón, miró a Carlos el cual quedó como petrificado y le dijo…
¿estás conmigo Carlos?
El joven policía no sabía cómo reaccionar, y Luis hizo un pequeño gesto con la mano que sostenía la placa, fue cuando Carlos cogió la suya y asentó con la cabeza mientras miraba fijamente a su sargento, éste tiró su placa al suelo la cual se deslizó bajo un banco, Carlos hizo lo propio.
Aquí ahora no hay policías… lo que tenga que pasar que pase— dijo mirando desafiante a Cristian.
El gran maestre quedó parado, y sin saber bien, bien cómo actuar ante aquello, Alyssa quedó igual. Sin dejarlos salir de su asombro siguió hablando.
Carlos llévame a ver el sitio que dice Ángel... Ángel prepárate en la torre entendido. Lolo eso que tienes en el brazo es una mierda de herida ¿me oyes?— lo motivó.
Y tanto que es una mierda Sargento— ambos asentaron con la cabeza.
Por el momento Alyssa, tú y el gran maestre preparar todo lo necesario y hacer un recuento de lo que nos queda de munición, la cosa se va a poner calentita. Ángel, no hace falta que te diga que tu primer objetivo han de ser los que lleven a mi familia.
Eso lo tenía claro— respondió el.
Esta todo claro pues… Carlos llévame allí.
Miró con ojos fijos al chico y éste giró sobre sus talones para luego avanzar a paso rápido hacia la puerta, Luis le siguió dejando un pequeño revuelo detrás de él. Ambos salieron al exterior allí sin decirse nada caminaron juntos, sus calzados se humedecían por el contacto de la bajos matojos, tras un viaje que no llegó a los diez minutos llegaron al lugar. Allí no había nada, solo algunos montículos de tierra que ofrecían poca o ninguna cobertura. Gómez se adelantó un par de pasos más que Carlos, chasqueó su lengua y habló.
Joder, si la cosa se pone fea, que seguro que lo hará, estaremos muy expuestos.
Si es cierto sargento— respondió Carlos— pero ellos también.
Luis asentó con la cabeza y desvió su mirada hacia el campanario, la silueta oscura de la iglesia se recortaba en la noche.
Ángel tendrá un buen tiro desde el campanario.
Pero la noche es bastante oscura.
Pero no haremos el cambio por la noche, falta poco para que amanezca… mi intención es aprovechar eso. Nos colocaremos con la salida del sol a nuestra espalda para molestar a los del priorato.
Carlos subió las cejas al ver y entender la estrategia, se dio cuenta de que realmente las historias que contaban sobre el sargento de la policía Luis Gómez eran ciertas. No pudo quedarse pensativo durante mucho más tiempo ya que vio como el sargento giraba y se encaminaba de nuevo hacia la iglesia. Cuando llegaron vio como Cristian y Alyssa ya tenían lo poco de lo que disponían preparado.
Bien, es poquito pero nos apañaremos, he tenido otra idea mientras venia hacia aquí
Te escucho— dijo el gran maestre.
Déjame tu móvil.
Cristian lo buscó en su bolsillo y se lo tendió seguro de sí mismo.
Malditos cacharros —murmullo el sargento mientras con algo de lentitud avanzaba por los menús del teléfono— bien esta hecho, ahora envía esa localización a tus hombres para que vengan por aquí… que estén preparados cerca desde ya, no sabemos cuál será la hora del cambio y quiero que luego envíes un mensaje con esa misma localización a Mamen diciéndole que traigan a mi familia para hacer el cambio que estén listo en tres horas en esa posición.
Luis lanzó por entre sus labios los números del teléfono de Mamen, Cristian a duras penas podía seguir el ritmo de las instrucciones que le iba dando el sargento, no porque él no fuera rápido con su manos sino porque el teléfono no daba para más.
Hecho sargento— habló Cristian cuando lo tuvo.
Perfecto, ahora solo cabe esperar pero esperaremos en la posición elegida. De esta manera no nos quitarán la ventaja del sol. Si está todo listo quiero agradeceros estos momentos para poder salvar a mi familia y el destino del mundo.
todos se miraron entre sí asentando con la cabeza, pese a que el grupo estaba formado hace una pocas horas todos sabían a lo que se enfrentaban, no había margen para el error.
Entre Alyssa, Cristian, Gómez y Lolo, este último con bastante dolor en su brazo, cargaron al ángel hasta el lugar acordado, una vez allí tomaron posiciones y Luis les explico las posiciones de la iglesia, del apoyo templario que tendría que venir y por dónde cree que vendrían los del priorato. Pasaron las horas y una botella de agua que Lolo había llevado se vaciaba repartida entre ellos. Una pequeña claridad de la mañana que se avecinaba comenzaba a dejar ver mas cosas que por la noche. Un sinuoso camino de carro abandonado ya hace tiempo se dejaba ver… a lo lejos un coche negro cuatro por cuatro se acercaba a ellos.
Parece que ya llegan— habló Cristian.
Tal como has dicho Gómez— se atrevió a decir Alyssa.
¿tus hombres están en posición Gran maestre?
Están llegando ahora mismo.
Perfecto… no quiere que nadie mire hacia el campanario ni hacia la posición que deben de ocupar los templarios, ahora mismo estamos solos.
De acuerdo— respondieron al unísono La doctora y el gran maestre.
El cuatro por cuatro se paró a unos metros de distancia de ellos levantando una gran polvareda que inundó la zona, pasaron unos segundos hasta que el ruido sordo de una de las puertas que se abría sonó. Apreció un pie masculino y tras él un hombre, estaba claro era Yemdet nasr un par de hombres más salieron, uno de ellos el capitán Sanchez. A Luis se le colocó una mirada de odio hacia él pero no más de la que se le colocó cuando vio aparecer a Mamen sujetando a su mujer y a su hija las cuales llevaban los ojos vendados y mostraban síntomas de cansancio y magulladuras por el cuerpo. Aun así el policía veterano mantuvo la sangre fría pues sabía que eran momentos cruciales. Alyssa no daba crédito a lo que sus ojos presenciaban, nunca había creído posible que una situación así se pudiera dar. Parecía como si de una película del género se tratara, tuvo la necesidad de tenerlo todo controlado y esta necesidad le quería hacer mirar para donde Gómez les había dicho que no miraran. Luchó contra ese acto reflejo y consiguió mantener la mirada en el lugar. Por otro lado Cristian traducía sus pensamientos con el rostro, al ver al líder del priorato sus entrecejo se tensó al igual que su mandíbula, sus pupilas se dilataron y su mirada no parecía ser la misma que todo este tiempo.
Yemdet hizo un extraño con su cara producto de la posición del sol cuando se fijó en el grupo, Luis sonrío levemente de medio lado, era lo que quería ya que el sol ahora empezaba a asomar tras ellos.
Veo que tenéis el valor suficiente como para plantar cara a algo que ni siquiera conocéis—habló el prior.
quizás ellos no lo conozcan pero yo sí—respondió tajante Cristian.
Luis avanzó un par de pasos mostrándole al líder del priorato con quien tenía que llevar esa conversación.
Me es indiferente los siglos que llevéis en guerra o vuestra enemistad, lo único que quiero es recuperar a mi familia— dijo luis.
Papa!
Sonó la hija de éste, a la vez que recibía un pequeño zarandeo por parte de Mamen para que se callara —bien— respondió Yemdet— ambos queremos lo que el otro quiere así que… hagamos un cambio. Dejad el cuerpo y retiraros unos pasos. Tu familia irá acompañada hasta el cuerpo, mis hombres lo cogerán y tu familia quedará libre.
Supongo que es la mejora era de hacerlo, aunque no la única.
Luis se encogió ligeramente de hombros y volvió a dar otro paso, justo cuando se paró. Dos disparos lejanos sonaron. El primero impactó en el hombre que acompañaba a Mamen, que era Sánchez con lo que esta se agachó y recibió el segundo disparo en el hombro. A partir de aquí todo fue un caos. Yemdet pretendía huir, Cristian fue tras él, Mamen dudo en si quedarse en el lugar o huir y finalmente corrió, Alyssa en un arranque producido por la adrenalina fue tras ella aunque sabía que tenía pocas posibilidades contra una mujer de recursos y de la formación de Mamen, Luis corrió en busca de su familia a la vez que Lolo disparaba certeramente sobre el hombre que iba a asesinar a su sargento y gran amigo. La mujer y la hija de Luis tocaban con las rodillas en el suelo reacción instintiva de supervivencia al escuchar todo el alboroto.
Cristian corría tras su enemigo, cuando por fin logró atraparlo este se giró hacia él, cuchillo en mano atacándole, el gran maestre instintivamente levantó su antebrazo y paró el golpe sufriendo una profunda herida. La adrenalina que recorría su cuerpo se ocupó de que no sintiera dolor, golpeó a su agresor haciendo que este diera un par de pasos hacia atrás. Yemdet mantuvo el dolor queriendo lanzar una cuchillada hacia Cristian que la esquivo para luego volver a golpear, aunque esta vez fue el prior quien esquivo el golpe también.
Mientras Luis soltaba las manos atadas de su mujer y de su hija y se reencontraba con ellas con un fuerte abrazo y lágrimas por parte de todos. Alyssa corría tras Mamen, ambas disparaban sus últimas balas haciendo así que las armas no pudieran disparar más. En ese momento, Mamen consciente de su superioridad detuvo sus pasos, Alyssa llegó dispuesta a enfrentarse a su enemiga pero el primer golpe que quiso dar fue esquivado por esta que contraatacó impactado su puño contra la cara de la doctora que se dolió bastante quedando fuera de lugar por unos segundos permitiendo que Mamen golpeara su rodilla por detrás y la hiciera caer en el suelo. La traidora cogió por los pelos a Alyssa que llevó sus manos a la mano que la apresaba para mitigar el dolor que sentía en su cabellera.
¿Crees estúpida que puedes conmigo?— dijo Mamen mientras Alyssa se quejaba— ¿crees que puedes venir tú sola a detenerme?
No sé... Si podré... Detenerte, pero por lo menos debo... De intentarlo.
Te has metido en algo que te supera estúpida, y ahora vas a morir por ello.
Justo cuando Mamen soltó el pelo de Alyssa para llevar sus manos a ambos lados de la cabeza de la doctora con intención de romperle el cuello, la joven reaccionó golpeando con fuerza la herida de bala del hombro de su enemiga. Esta se dolió y se retiró un par de pasos dándole ventaja a Alyssa que se levantó y golpeó un par de veces a Mamen.
No muy lejos de allí dos coches cuatro por cuatro negros llegaban a toda prisa al lugar a la vez que los hombres de Cristian aprecian justo donde había dicho Gómez. Dos de ellos fueron hasta el sargento.
No las dejéis ni un solo momento— le dijo Luis a los templarios.
Descuide señor las sacaremos de aquí.
Papa! No te vayas.
Luis! Por el amor de dios.
Dijeron su hija y esposa presas del pánico mientras los templarios las retiraban de allí, él las miró con una mirada llena de amor y salió corriendo.
Uno de los coches negros se detuvo justo cerca del combate que tenían el gran maestre y el prior, esté ahora golpeaba la cara de su enemigo con fuerza mientras se cubría. Pocos segundos después pudo golpear el estómago del líder del priorato cortándole la respiración. Cuando ya lo tenía en sus manos alguien desde el coche disparó e impactó en la pierna del líder templario haciéndolo caer con gran dolor. Momento que aprovechó Yemdet para abalanzarse sobre él.
Los templarios estáis acabados, no podréis pararnos.
Dijo con su boca repleta de sangre Yemdet Nasr para luego clavar lentamente su cuchillo en el pecho del gran maestre que desorbitó los ojos. Los miembros del priorato y su líder se marcharon de allí dejando a de Molay herido de muerte.
El otro coche se acercó al cuerpo del ángel. Lolo trato de impedirlo pero tuvo que buscar una buena cobertura pues los disparos de los del vehículo le sobrepasaban. Pudo ver, sin poder hacer nada como estuvieron punto de llevarse el cuerpo del ángel a toda prisa cuando en aquel momento y después de haber tenido una refriega con miembros del priorato, Ángel acertó de nuevo desde la distante iglesia entre los ojos del conductor, lo que le dio a Lolo la oportunidad de contraatacar defendiendo la posición. El fuego de los dos amigos hizo que los del priorato sustituyeran al conductor y salieran de allí a toda prisa.
Ahora era Mamen quien golpeaba a Alyssa haciéndola caer. Colocándose sobre ella rodeando el cuello de esta con las manos haciendo que el aire no pudiese llegar a sus pulmones, unas lágrimas debidas a la situación aparecieron en los ojos desorbitados de la doctora que se movía sin éxito para intentar aferrarse a la vida. Justo cuando ya no podía más, cuando notaba como la agonía de no poder respirar la envolvía por completo, sonó un disparo. La presión en su cuello desapareció y el peso de Mamen sobre ella ya no existía, vio caer a su lado a esta con un agujero en la cabeza, notó como la sangre de la traidora manchaba su piel, cuando se la sacó de encima vio llegar a Luis con el arma aún humeante. El sargento no podía dejar de mirar con odio a la que fue su compañera y tras unos momentos ayudó a la doctora a incorporarse. No se dijeron mucha cosa, pues sus miradas así lo hacían. Regresaron al lugar llegando hasta el punto en el que encontraron el cuerpo sin vida de Cristian de Molay gran maestre de la orden del temple. Varios de sus hombres estaban con él. Alyssa no pudo reprimir las lágrimas y su rostro se hundió en el pecho de Gómez que la rodeó con sus brazos para consolarla. Los templarios se dividieron para llevar a su líder y el cuerpo del ángel hacia la pequeña iglesia que había sido testigo de todo. Luis por fin se pudo reencontrar con su familia en un entorno seguro y por primera vez en muchos días pudo bajar la guardia al sentirse escoltado por los templarios. Así mismo Alyssa recibió la compañía de Lolo y a estos se le juntaron Ángel y Carlos.