miércoles, 26 de agosto de 2015

Trágico Final.



Llevo mucho tiempo dándole vueltas. ¿El amor existe? ¿De verdad existe? Unos dicen que sí, otros que tal vez, otros ni lo saben. Yo llevo mucho tiempo pensándolo, dándole vueltas y más vueltas y soy incapaz de encontrar una respuesta.

Vivo como en un extraño sueño en el que veo mi vida pasar frente a mis ojos sin sentir. Creo que ahí reside la respuesta a mi pregunta. El sentir. Yo ya no siento nada. No siento cariño hacia ninguna de las personas que me rodean. No siento alegría por las hazañas de los demás, ni pena por sus desgracias. Pero ¿cuándo me he vuelto así? ¿Desde cuándo la vida de los demás y la mía propia me importan lo mismo que una piedra a un lado del camino?

Quizá debería dar marcha atrás, lejos, muy lejos. Quizá debería regresar a un pasado casi olvidado en el que existía como un alma llena de vida, de inquietudes, de sueños... Momentos en los que realmente sentía. ¿Pero dónde se dio el punto de inflexión? Quizá fue cuando ese niño creció. Cuando despertó y se golpeó con fuerza contra la realidad. Una realidad que fue ahogando sus sueños, que fue encerrando sus ilusiones, en definitiva, que mató al ángel que pudiera haber en él.

Y ahí empezó el declive.

Fue entonces cuando empecé a encerrarme en mí mismo, cuando laceraba mi cuerpo con la aguja de un compás, escribiendo el nombre de aquella que jamás conocería, un ángel que deseaba con locura llegara a mí y me salvara de mi propia destrucción.

Pero ese ángel jamás llegó.

Rodeado de gente que no podía comprenderme, incapaz de sacar lo que mi pecho escondía, pidiendo a gritos ayuda, pero sin que mi voz emitiera el más mínimo sonido, mi corazón se fue endureciendo.

Y entonces llegó aquel primer beso. Un beso que llegó de los labios de una total desconocida. Y del beso a las caricias, caricias de mil manos distintas. Y llegó el asco hacia mí mismo, el odio hacia todo lo que me rodeaba. El deseo de escapar. De volver a ser libre y de lo que nunca fui capaz...

Así he ido soportando mi tortura hasta hoy en día. Mi vida sigue siendo un sin sentido. Acompañado pero solo, deseo borrar mis pasos de esta tierra que poco me aporta. Deseo culminar lo que en su día no conseguí llevar a cabo.

Pero hoy sí que podré... Hoy sí. Mi corazón se ha vuelto piedra. No puedo amar ni ser amado. Jamás lo seré y lo sé. Ya no me preocupa. Ni siquiera tengo ganas de llorar. ¿Para qué? Lágrimas derramadas sin sentido porque nadie estará allí para enjugarlas.

Nadie. Nunca ha habido nadie.

Miro mi cara en el espejo. Estoy pálido. Y un tono azulado marca mis ojeras. Intento sonreír, pero es una triste mueca que ni siquiera logra borrar la amargura de mis ojos. Me apoyo en la pica del baño y miro mis manos apoyadas en la cerámica. Miro mis muñecas. Veo las venas. Se marcan a través de mi piel translúcida. Levanto la vista y me vuelvo a mirar.

«Ya no aguanto más...».

Es lo único que logro pensar. Soy un ser perdido. Un alma errante que jamás debió haber existido. En mi mano sujeto ese filo de metal que brilla de modo distinto. Hoy grita pidiendo sangre, la sangre que recorre mis venas para alimentar un corazón de hierro, capaz de ahogarse en el mismísimo infierno.

Un corte limpio rebana la muñeca y la sangre empieza a caer. Levanto la vista y me miro de nuevo al espejo. Por fin vuelvo a sonreír. Mis ojos sonríen aliviados por llegar a este final que debió llegar hace ya tiempo.

Me dejaré llevar por esta falsa sensación de libertad. Me dejaré llevar por este extraño velo que envuelve mis sentidos. Pero no es calma lo que siento sino frío. Una extraña sensación de frío.

Y ahí está de nuevo. La maldita soledad. Es entonces cuando me doy cuenta de mi error y me arrepiento...

 Ya no hay marcha atrás. Así debía ser. Y así será. Mi gran trágico final.



Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SafeCreative.

martes, 11 de agosto de 2015

Verano.



¡Hola amig@s!

Esta entrada no es un relato como normalmente son las entradas del blog. En esta ocasión, me dirijo a vosotros para decir un ¡HASTA LUEGO!  

Por fin llegó el agosto y después de un año bastante durillo, qué mejor manera para desconectar que tomándote unas buenas vacaciones, ¿no? En mi caso, vacaciones lo que se dice vacaciones... Pero vamos, intentaré disfrutar el mes lo mejor que pueda.

Es por eso que escribo esta entrada, para desearos un buen verano (a los que estén en el mismo hemisferio que yo, claro, porque en el sur creo que estáis pasando un pelín de frío, ¿no? jeje) Y para avisaros de que el blog queda cerrado por un tiempo. Exactamente no sé cuántos días, ni si serán semanas o incluso un mes. Pero necesito desconectar de todo y el blog no es una excepción. (Lo siento por aquellos que esperabais el final de Furia, creo que os tocará esperar un poquito). Esto no quita que siga leyendo vuestras entradas, claro, no podría vivir sin leer, es como el respirar para mí, pero lo que no sé es con qué frecuencia, porque no me voy a poner ni horarios ni metas. Quiero disfrutar del sol, de la arena de la playa, del mar que tanto me gusta, de las terracitas (vaaaa, que sé que hay más de uno al que le gustan las terracitas, eeehhh?? jeje), en fin, del verano junto a los míos.

Así que, nada, os deseo lo mejor estos días en los que no estaré por estos lares y, ya sabéis, para septiembre o así me tendréis de vuelta dando guerra ;) 

¡¡Una abrazo bien grande a todos y un besazo!! Seguro que os echaré de menos. Pero como decía antes, no es un adiós, sólo un ¡HASTA PRONTO! 

¡Nos leemos! ^^

lunes, 3 de agosto de 2015

El Fin de los Días.



Relato para el storycubes de "Mundo Literario" del 27/07/2015. 

Nuestro planeta está al borde del colapso. Hemos terminado por empujar la vida hacia la muerte por el más puro egoísmo de creernos dueños de lo que no era nuestro. Hoy han llegado. Esas extrañas formas oscuras han empezado a recorrer las calles casi desiertas de las ciudades. Son seres sumamente extraños... Sin cuerpo, como sombras que nos acechan, han empezado a devorar cada resquicio de vida que queda. Nunca debimos llamarles. Nunca debimos dejarles entrar. Pero su promesa de poder pudo con los que nos gobiernan. Y, ahora, míranos, tirados por el suelo como ratas, suplicando por nuestras vidas.

Aún recuerdo el día en que nos dieron la noticia. Nos prometieron que la alianza era por nuestro bien. Pero mi padre nunca los creyó. Me obligó a guardar lo imprescindible en una mochila y corrimos a escondernos en las montañas. Una noche, mientras cenábamos uno de los menús deshidratados que consiguió con el kit de supervivencia que compró, una especie de galleta que al morderla parecía hormigón, un siseo me obligó a ponerme en pie, asustada. Miré alrededor de mis pies pero no vi nada. En cuestión de segundos, algo saltó junto a mi padre que aún estaba sentado junto al fuego. Era una serpiente. Se abalanzó contra su brazo y le mordió inyectándole su mortífero veneno.

El líquido tóxico recorrió su cuerpo con celeridad. Hice todo lo que estaba en mi mano por salvarlo, incluso absorbí en la herida intentando sacar el veneno de su piel. Pero mi padre, con su entereza habitual, me sujetó del brazo con fuerza, obligándome a mirarle. Pequeñas gotas de sudor bañaban su rostro, cada vez más pálido.

–Hija... –balbuceó casi sin voz, torciendo el gesto de dolor–. Prométeme que te esconderás... La alianza de la que todos hablan es solo una excusa... Nos quieren muertos. Nuestro planeta se muere y ellos lo saben... Solo unos pocos se beneficiarán de ello...

–Tranquilo papá –dije intentando sonreír–. Te pondrás bien y podremos huir juntos, como habías planeado.

–¡Escúchame! –gritó sacándome de mi atontamiento–. Me estoy muriendo, ¡maldita sea!

Las lágrimas se agolparon en mis ojos deseosas de caer. Mi padre me miró con dureza, nunca le gustó que mostrara debilidad. Me tragué el sentimiento de incertidumbre que me llenaba y asentí con la cabeza en silencio.

–Bien... –continuó–. Escóndete, ¿de acuerdo? –Apretó mi mano con fuerza a la vez que su cuerpo reaccionaba al veneno obligándole a dar una arcada–. Y no vuelvas a la ciudad... Nunca... Allí es donde va a empezar...

Apenas aguantó media hora más. Me quedé en aquel bosque sola. Sin nadie con quien hablar. Sin nadie que me dijera qué debía hacer. Pasé la noche junto a su cadáver. Abrazada al padre que nunca supo mostrarme su cariño. Un abrazo que deseé desde que era niña y que llegó cuando su corazón dejó de latir.

Pero no pude cumplir mi promesa.

He regresado a la ciudad. Hay cientos de cadáveres esparcidos por las calles. El sol apenas se ve, oculto por la neblina que generan esas cosas cada vez que atraviesan a alguna persona. He corrido hasta mi casa (no tengo otro sitio al que regresar) y, al llegar a mi calle a las afueras de la ciudad, en lo que había sido una agradable zona residencial, me he encontrado con Lucas, mi vecino, de pie junto al sendero de piedras que accede hasta su casa. Siempre me llevé bien con él, yo diría que incluso sentí cierta atracción por él antes de que mi padre me obligara a marchar. Cuando me ha visto ha levantado su mano para saludarme y ha sonreído. Es la primera vez que veo una sonrisa como esa, en medio del caos que nos rodea.

Pero cuando me iba a acercar a él ha llegado una de esas malditas sombras.

No he podido hacer nada. Ha atravesado su cuerpo y le he visto caer sin vida al suelo. Me he escondido entre dos coches con la sensación que me ha provocado verle sonreír aún en mi pecho y sin poder apartar la vista de su cuerpo inmóvil. Lucas... Mi querido Lucas... 

Con las lágrimas resbalando por mis mejillas, harta de ver morir a todos a los que he querido alguna vez, he esperado a que la sombra desapareciera. 

Por fin veo que se aleja. He entrado en casa y he cogido la pala del garaje. No pienso dejarle ahí tirado. Estoy cansada de ver los cuerpos pudriéndose en la calle. Lucas se merece algo mejor. He cavado un buen hoyo en mi jardín. Le he arrastrado como he podido, tirando de sus pies, y le he dado sepultura.

Ahora solo me queda esperar. Estoy cansada de escapar de lo que nadie puede huir.

Me dejo caer junto a la tumba y miro el reloj de pulsera de mi padre. Marca las cuatro de la madrugada. Me pesan los párpados pero intento mantener los ojos abiertos.

Varias sombras aparecen, rodeándome. Sé que ha llegado mi hora. Por fin. No quiero seguir sola. No quiero ver morir a más personas. Una de las sombras se acerca a mí y...

FIN

Obra registrada a nombre de Carmen de Loma.en SafeCreatve.