martes, 24 de junio de 2014

Chevalier III

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Boisseau cerró el cuaderno de golpe y se dirigió hacia el escritorio a por el yelmo. Abrió la puerta y salió azorado. Bajó corriendo los tramos de escaleras y chocó de bruces con el ama de llaves que, con el golpe, dejó caer el candelabro que sujetaba.

-¡Aparta, Adeline! -gritó Boisseau sin pararse siquiera-.

-Lo siento, mi Señor...

La anciana recogió el candelabro del suelo y se apartó bajando el rostro avergonzada. Cuando Boisseau salió por la puerta principal hacia el exterior de palacio, Adeline suspiró aliviada. Se fijó en el cuaderno que llevaba aprisionado con fuerza contra su pecho y su tez palideció. 

-Dios nos proteja... -murmuró con gesto aterrado a la vez que se santiguaba-.

Boisseu recorrió las calles empedradas de la aldea. El cielo oscuro de aquella madrugada estaba empezando a clarear por el horizonte con los primeros amagos de luz que anunciaban la llegada del nuevo día. Giró al llegar a la casa del herrero y se encaminó calle arriba hacia el Palacio de los Goncourt. 

Cruzó los jardines que bordeaban el palacio. Atravesó el puente que cruzaba el pequeño riachuelo que bajaba con el agua embravecida por las intensas lluvias que días atrás habían azotado la zona, y se dirigió hacia la caseta del guardia encargado de vigilar la entrada.

-¡Alto! -gritó éste al ver a un hombre acercarse a gran velocidad-. 

Boisseau se acercó a él y se sacó el yelmo que ocultaba su rostro.

-¡Oh! ¡Señor! -dijo el guardia saludando a su superior-. No le había reconocido...

-Vengo a ver al Conde.

-El conde duerme, Señor. No puede entrar ahora.

Boisseu miró a su alrededor nervioso. No podía increpar a aquel desgraciado para que le dejara entrar. Al fin y al cabo, su misión era un secreto que ni el Conde debía conocer. Apretó con fuerza el cuaderno y dijo:

-Soldado, necesito que me haga un favor. 

-Pero es que yo... -dijo el guardia nervioso por el cariz que estaba tomando la conversación-.

-No le estoy pidiendo que haga nada que le pueda poner en un compromiso. Sólo necesito que me lleve hasta la Sala de Armas.

El guardia le miró extrañado. ¿La Sala de Armas? ¿Para qué tenía que ir allí a esas horas de la noche?

-No puedo dejarle entrar, Señor. No sin el permiso de Goncourt -contestó desconfiado-.

Boisseau se estaba inquietando. ¡El tiempo corría y debía conseguir la maldita daga! Pasó la mano por su rostro agotado. Miró al guardia y, con la culpa reflejada en su mirada, atravesó con su espada el pecho del hombre, que sin saber de dónde le había llegado la muerte, cayó desplomado contra el suelo. 

-Lo siento... -murmuró agachándose junto al cadáver-. Pero tu sacrificio te será recompensado en el reino de los cielos. 

Miró a su alrededor, cogió el cuerpo y lo escondió dentro de la caseta. Se colocó el yelmo de nuevo y corrió entre las sombras hacia el edificio de la izquierda, dónde recordaba que estaba la sala que buscaba. La luz, poco a poco, teñía el cielo de tonos azules. 

-Maldita sea... -renegó mirando el cielo-. ¡Se me acaba el tiempo!

Se acercó hasta el ventanal y miró a hurtadillas en su interior. La sala estaba a oscuras. Buscó algo que le pudiera servir para romper el cristal y se agachó a recoger una de las piedras que había junto a sus pies. La envolvió en su capa para minimizar el ruido y golpeó con fuerza el cristal, que se desmoronó con el golpe. Entró de un salto y buscó entre las diferentes vitrinas. Apenas si podía distinguir las armas... Recorrió la sala nervioso, pegando el rostro en los cristales hasta que, por fin, encerrada en una urna de cristal, encontró la daga. Se acercó a ella y abrió de nuevo el cuaderno. Examinó el dibujo y miró detenidamente el arma. Era ella. Miró a su alrededor. Silencio. Dejó el cuaderno en el suelo, aferró el asa de la urna y la levantó con gran esfuerzo. Apoyándola con cuidado en el suelo, alargó sus dedos hacia la empuñadura de la daga. Su cuerpo temblaba de la emoción. Empuñó el arma y paseó sus ojos por el frío filo del metal. 

-Perfecto -murmuró con orgullo-.

Volvió a colocar la urna en su sitio y corrió hacia la ventana rota. Unos caballeros llegaban en ese momento a palacio, a galope.

-¡Aldric! ¡Aldric! -gritó uno de los caballeros que había entrado en la caseta del guardia, extrañado de que su compañero no estuviera en su puesto-.

-¡¿Qué ha pasado?! -gritó el otro apeándose del caballo y corriendo hacia la caseta-.

-¡Avisad a Goncourt! -gritó desde la puerta a los dos caballeros que aún seguían fuera-. ¡Han asesinado a Aldric!

Los caballero golpearon con fuerza el lomo de sus caballos y entraron a galope en palacio. Boisseau les observó escondido entre las sombras. Debía salir de allí. Miró hacia las caballerizas. Había luz. Se giró hacia los soldados y, al ver que estaban sacando el cuerpo sin vida de Aldric, guardó la daga en su cinturón y corrió en busca de un corcel. A hurtadillas se coló en el interior de las caballerizas. Buscó con la mirada al mozo que se encargaba de cuidar a los animales. Debía estar cogiendo la paja limpia del granero. Corrió hacia uno de los establos. Abrió la puerta, colocó una silla sobre el lomo del corcel y salió al galope perdiéndose entre los árboles de la parte trasera del palacio.

Galopó sin rumbo un buen trecho, escuchando los ladridos de los perros de presa pisándole los talones. Agarraba con fuerza las riendas, mirando hacia atrás de vez en cuando. Llegó al borde del río, bajó del caballo, le golpeó con fuerza para que huyera y caminó por el lecho del río intentando mantener el equilibrio entre las rocas resbaladizas que se cruzaban en su camino. Se había arriesgado demasiado yendo a casa de los Goncourt. Y la muerte del guardia le dejaba en una situación muy complicada. Pero la misión debía finalizarse si no quería acabar ardiendo en las llamas del infierno. Sujetó la empuñadura de la daga, y se perdió en el bosque por el que Claude se había adentrado en busca de Pierre.


Obra registrada en SafeCreative a nombre de Carmen de Loma. 

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jueves, 19 de junio de 2014

Origins


Título: Origins.
Autor: 3mmI
Sacado de 3mmi.deviantart.com


Esta imagen es impresionante. Ese aire tribal sumado al extraño cielo le da un aire único. Un gran trabajo sin lugar a dudas.

domingo, 15 de junio de 2014

Chevalier II

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Imagen sacada del juego Persona3.

El Barón Boisseau recorrió el estrecho callejón a galope, girando una y otra vez sobre sí mismo. Miraba en cada esquina, en cada hueco, pero no
había rastro del hombre que cargaba con el cuerpo de Marie. Frenó el caballo al llegar al final de la callejuela y llamó a su escudero.

-¿Le has encontrado? -dijo con sequedad-.

Claude negó con la cabeza y bajó la mirada esperando la ira de su señor.

-¡Maldita sea! ¡Hay que encontrarle cuánto antes! 

-Sí señor... -balbuceó-.

Boisseau se apeó de su corcel y se acercó hacia la última casa. Ese camino llegaba hasta bosque. Miró en aquella dirección y golpeó el suelo con su espada.

-Maldita sea -renegó de nuevo-. 

Se giró hacia su sirviente.

-Claude, he de regresar a casa. Sigue buscándoles. Y pobre de ti que no los encuentres...

Claude golpeó con fuerza el lomo del caballo con sus espuelas, y, con un relincho corrió a galope hacia el interior del bosque que rodeaba la aldea, apretando las riendas con temblor en las manos. Boisseau no tenía, precisamente, fama de ser un buen Señor. Al contrario, eran pocos los sirvientes que habían sobrevivido a sus ataques de ira. Y Claude sabía muy bien que uno de aquellos horribles arrebatos, estaba a punto de desencadenarse. Volvió a golpear al animal, y se perdió entre los árboles.

Boisseau cabalgó hasta las caballerizas. Ató al corcel, y entró veloz hacia el interior del patio de su hacienda. Pasó cerca de las ruinas que quedaban del establo, de las cuales seguía saliendo un humo negruzco que enrarecía el aire, y, sin mirar siquiera, golpeó con insistencia la puerta principal de la casa. Una anciana abrió la puerta. 

-Buenas noches, mi Señor. 

La anciana y Claude eran los únicos que habían permanecido junto a él desde que comenzaron los arrebatos de ira. 

Boisseau empujó la puerta con fuerza, y se encaminó con decisión hacia la escalera de caracol que había a su derecha. El palacio estaba en penumbras. Subió los tres tramos de escalera y se acercó a la puerta de madera de roble, decorada con bordes de oro. Rebuscó en su cota de maya y sacó una extraña llave de forma ovalada. La metió en la cerradura y un chasquido resonó por el pasillo. La puerta cedió. De su interior, el reflejo de una luz anaranjada se reflejó en el negro de su yelmo.

-Dónde está... -dijo sacándoselo y dejándolo sobre la mesa que había debajo de la ventana-.

La habitación era pequeña, iluminada por un candelabro que había sobre la mesita de noche que había junto a una cama austera. Boisseau rebuscó por los cajones del escritorio una y otra vez. Revolvía los papeles nervioso. 

-Dónde está... -repitió cada vez más angustiado-.

Volvió a mirar en cada uno de los cajones. Nada. Estiró de la colcha y miró entre el colchón y el somier. Nada. Se detuvo pensativo, observando la estancia, y se dejó caer sobre la cama apoyando su cabeza en las manos.

-Maldita sea...

Desvió su mirada hacia la cama y pasó su mano acariciando la almohada con suavidad. Ahí había estado ella. Se tumbó y, acercándose el cojín a la cara, olió el perfume que aún le impregnaba. Fue entonces cuando lo vio. Del escritorio pendía una cuerda roja con un pompón, que salía de detrás del escritorio. Se levantó azorado y empujó el escritorio. ¡Clonck! Sonó al caer algo por detrás. Se agachó a mirar.

-¡Por fin!

Estiró el brazo y cogió un cuaderno de tapas negras. Deshizo el nudo de cuerda roja que lo cerraba y empezó a hojearlo. AL llegar a una de las páginas, paró en seco y comenzó a leer.
De los ángeles vendrá. Envuelta en belleza, carisma y lujuria, tratará de hacerse con las almas valerosas de los cristianos que, con fe ciega, han dado su vida por nuestro Señor. 
-Aquí... -murmuró-.

Para acabar con semejante monstruo despiadado y cruel, y evitar así caer en las garras del diablo, se debe colgar a la bestia con una cuerda, bañada con la luz de Luna, rodeando su cuello. De sus brazos, se derramará el líquido caliente que recorre sus venas. Y el dolor que refleje su mirada ha de quedar petrificado, clavado en las llamas que poco a poco devoren su cuerpo. 

-Lo sé, lo sé... -dijo nervioso pasando la hoja-. ¡Eso ya lo he hecho!
Si eres el Chevalier, aquel capaz de realizar semejante hazaña, serás recompensado en los cielos por nuestro glorioso Padre. Pero si en tu tenaz intento fallas, has de saber que el coraje de poco te servirá cuando el monstruo despierte, pues es el diablo el que ha limado su alma. Y con el diablo serás enviado.
Boisseau palideció de golpe. Él había hecho todo lo que allí decía. Había seguido, con sumo detalle, los pasos que indicaba para exterminar a la bestia. Pero ese entrometido de Pierre se había llevado el cuerpo antes de que las llamas lo devoraran. ¿Qué debía hacer ahora? Giró la página de nuevo, y vio el dibujo de una daga con la empuñadura en forma de gárgola. Bajo el dibujo, se podía leer.
       La Daga del Arcángel Gabriel. 

Recordó haber visto aquella daga. ¡Estaba en la colección de armas del Conde de Goncourt!

Obra registrada en SafeCreative a nombre de Carmen de Loma. 

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miércoles, 11 de junio de 2014

Chevalier



Abro los ojos y una extraña sensación recorre mi cuerpo. Miro a mi alrededor. No reconozco esta casa, ni este suelo... Levanto la mirada al techo y veo un cuerpo pendiendo inerte de una cuerda. 

-¿Pero qué...? 

Me intento incorporar, pero la extraña sensación se hace aún más fuerte. Me pongo en pie. Me acerco al cuerpo inmóvil y un grito ahogado escapa de mis labios. Mi cuerpo pende de la cuerda con los ojos inyectados en sangre y un gesto de terror que me deja sin aliento. Doy varios pasos hacia atrás desconcertada. ¿Qué significa esto? ¡¿Cómo puede ser que mi cuerpo esté colgado frente a mi?! Alargo mi mano para rozar mi pierna y, sin poder expresar la sensación de vacío que me embriaga, atravieso la piel. Me aparto horrorizada, con los ojos clavados en mi cuerpo. La luz brilla al chocar contra un reguero de sangre que gotea de mis manos, tiñiendo el suelo de carmesí. Asustada, me dejo caer. Las lágrimas desean caer, pero no puedo llorar. El pánico me devora. Me dirijo hacia la puerta. ¡Tengo que salir de aquí! Un humo negro comienza a filtrarse por la paja del tejado. ¿Humo? Empieza a hacer calor... Mucho calor... Golpeo la puerta desesperada. ¡Están prendiéndole fuego a la casa! ¡Tengo que salir de aquí! Poco a poco, las llamas, avivadas por el viento frío de la noche, empiezan a entrar. Corro hacia la puerta y la golpeo con todas mis fuerzas. ¡Socorro! ¡¿Pero qué está pasando?! El pomo negruzco de la puerta se gira. Un hombre entra corriendo, aferra mi cuerpo con fuerza y corta la cuerda que aprieta mi cuello. El peso muerto le hace tambalearse. Tapándose la cara con un pañuelo blanco, coloca mi cuerpo en su hombro y sale corriendo hacia el exterior. Salgo detrás de él. Aún estoy confusa. Me acerco a él, que grita mi nombre sujetando mi rostro entre sus manos.

-¡Marie! ¡Marie!

El hombre me atrae hacia él, pasa su mano por mi rostro cerrando los ojos vidriosos que aún le observan, y me aprieta contra él rompiendo en un llanto amargo. Intento rozar su espalda. ¿Quién es ese hombre? Él se gira con un espasmo al sentir el frío entrar por su espalda, y busca en el vacío con su mirada. 

-Pierre... -susurro sintiendo una fuerte presión en mi pecho-.

¿No puede verme? Levanto mis manos temblorosas. Mi Pierre, mi querido Pierre...

-¡Por allí! ¡No dejéis que escape!

Un hombre de armadura oscura nos señala con su espada. Pierre recoge mi cuerpo y corre hacia el callejón. Se oye un estruendo y me giro asustada. La casa se derrumba devorada por las llamas. 

El caballero se acerca con su corcel de pelo negro. Y observa en silencio el crepitar del fuego.

-No puede estar muy lejos -le dice a otro hombre que acaba de situarse junto a él-. Traedlo. 

Acerco la mano hacia el caballo. Sus ojos parecen ver los míos. Relincha y, nervioso, intenta alejarse de mí. 

-¡Quieto! ¡Quieto! -grita el hombre intentando apaciguar a la bestia-.

-¡Claude! -le grita el que lleva el rostro oculto tras el yelmo-. ¡Andando!

-¡Sí, mi señor!

Y saliendo al galope, se adentran en el pequeño callejón.

Miro a mi alrededor aturdida. Si he visto mi cuerpo... Eso es que yo... Que yo... No puedo reprimir el dolor y la congoja que atrapa mi pecho. Me dejo caer sobre mis rodillas y grito con todas mis fuerzas. 

Estoy en mi pueblo. Puedo reconocer la casa del herrero. Y un poco más allá, están las caballerizas del Conde de Goncourt. Me levanto y camino despacio hacia la hacienda que, tiempo atrás, había sido mi hogar. Cómo en un flash, recuerdo mi cuerpo pendiendo de la cuerda y reconozco el lugar. ¡Es el establo de los Boisseau! Pero, ¡¿qué hacía yo allí?! De pronto una extraña sensación tira de mí. Al principio me resisto, pero cada vez se hace más fuerte e insistente. Intento sujetarme a algo, pero termina por arrastrarme. Salgo despedida. Recorro las calles a gran velocidad. Y de pronto, silencio. 


Obra registrada en SafeCreative a nombre de Carmen De Loma.

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sábado, 7 de junio de 2014

Atherian Warrior


Título: Atherian Warrior.
Autor: Christian Quinot
Sacado de: darkcloud013.deviantart.com/


Esto sí que es una pedazo de ilustración. Se me ocurren miles de historias en las que este guerrero podría ser el protagonista. Una imagen que podría estar sacada de una película de ciencia ficción. Sus trazos poco detallados hacen que la neblina parezca más real. Un mundo entero en una simple imagen. Es fascinante...

jueves, 5 de junio de 2014

Tidal Wave


Título: Tidal Wave.
Autor: Ian Jun Wei Chiew
Sacado de: iancjw.deviantart.com

Y la fiereza del mar hace acto de presencia...
Cómo no me va a gustar esta imagen. El océano en todo su esplendor. Los barcos luchando contra viento y marea intentando salvarse de la embestida inminente. Impactante. Oscuro. Sencillamente, impresionante.

martes, 3 de junio de 2014

Connection


Título: Connection.
Artist: Yuumei.
Sacado de: yuumei.deviantart.com


Esta artista es que me encanta. En esta imagen, ha sabido captar la conexión que existe entre la mujer y el animal. Es una imagen preciosa con unos efectos de luz impresionantes. Se puede palpar el cariño y el respeto mutuos. Es una maravilla. Bueno, jeje, a mí me gusta...  ;)

Bleeding Heart


Título: Bleeding Heart.
Artist: Yuumei.
Sacado de: yuumei.deviantart.com


Esta imagen es, sencillamente, impresionante. La artista ha conseguido plasmar el dolor que siente la muchacha. Su mirada es especialmente sobrecogedora y el corazón sangrante es indescriptible. La primera vez que vi esta imagen, me vi reflejada de alguna manera en ella, quizá porque, como muchos, me he mirado en el espejo y he visto esa misma expresión en mi rostro.