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Letargo Eterno

Cada noche aguardaba en silencio su llegada.
Entraba despacio, con aire cansado, y se tumbaba sobre la cama sin desvestirse siquiera. Los días eran siempre iguales. Las mismas historias, las mismas peleas, los mismos problemas...
Aquel no era sino otro día más de esos en los que veía su vida escapar entre cuatro paredes, esos en los que sentía que nada podría sacarla de su cárcel de piedra.
Pero allí estaba él. Siempre oculto entre las sombras, siempre sigiloso, vigilante de sus pasos y tropiezos. Cada noche la veía llegar, tumbarse, desvestirse; soñar y llorar por lo que creyó que jamás llegaría a ella. Y dentro de su pecho, enterrado dentro de lo que una vez fueron jirones de piel y hueso, sentía cómo se despedazaba parte de su corazón al verla sufrir así.
La amaba.
Se acercó a ella; parecía moverse sin apenas tocar el suelo. Estaba tumbada, acurrucada sobre su lado derecho. Su piel pálida y sus ojeras le indicaron que había vuelto a llorar y tuvo ganas de gritar de rabia e …

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