jueves, 8 de mayo de 2014

Mala Vida


-Hoy no tendría que haberme levantado... -pensó Kevin hundiendo el rostro y encogiendo los hombros para cubrir su boca con el chaquetón oscuro que le daba calor en aquella fría noche de Noviembre-.

Caminaba sin rumbo, dejándose llevar por las estrechas calles del casco antiguo de aquella ciudad, sintiendo cómo, poco a poco, la humedad le iba calando en los huesos. Una ligera punzada en la ceja le obligó a sacar una mano del bolsillo, que acercó despacio y con desgana para pasar los dedos por la brecha, que horas antes, le habían abierto en la ceja. Se detuvo un instante y levantó la vista al negro cielo de aquella madrugada.

-Maldita la hora en que te conocí... -susurró de nuevo pasando la mano por su cabeza rapada, recordando a su antiguo compañero-.

Conoció a Ian una tarde mientras vagueaba por el barrio, aburrido y descontento con todo lo que le rodeaba. Sin ganas de luchar por nada ni por nadie, harto de tener que vivir de las miserias de otros, estaba dispuesto a acabar con todo. Pero Ian le ofreció lo que nadie habría podido rechazar. Al principio le resultó fácil, hacía pequeños favores que luego le eran recompensados con el dinero suficiente para salir de aquella vida perra. Pero las cosas se fueron poniendo cada vez más feas.

Deslizó la mirada por las palmas abiertas de sus manos.

¿Cuántos rostros había llegado a desfigurar con aquellas mismas manos, sin sentir remordimiento ni pena? “Sólo hago mi trabajo...” Se repetía una y otra vez para aplacar a su conciencia.

Pero aquella noche algo cambió.

Como lo que venía siendo su rutina diaria, le enviaron a cobrar la deuda de un pobre desgraciado. Ian y él se acercaron a la susodicha casa y, tras aporrear la puerta de la casa con insistencia, una mujer de edad avanzada les recibió tras el umbral.

-Señora -comenzó diciendo Ian, con el semblante serio que acostumbraba a poner en aquellas situaciones-. Estamos buscando al “Rober”, ¿puede decirle que salga?

La mujer les observó un instante y frunció el ceño.

-Largaos de aquí -soltó la mujer a plomo-. No está. Y tampoco sé dónde puede estar.

Ian miró a su compañero con media sonrisa en los labios y se acercó a la mujer.

-De modo que no sabe dónde está... -murmuró acercando la mano a la cara de la anciana, apretando su mentón-.

En un descuido, la mujer miró aterrada hacia un lado.

-Es usted una mentirosa, ¿lo sabía? -añadió-.

Y sin dar opción a que reaccionara, le dio un empujón lo bastante fuerte cómo para hacerla caer a un lado, abriendo de par en par la puerta de la vivienda. Aterrado, con los ojos desorbitados por el pánico, el pobre desgraciado aferraba contra su espalda un niño de no más de dos años.

Aquella escena, aquella maldita escena...

Kevin sintió una punzada en el pecho. El recuerdo de su padre frente a él, protegiéndole con su propio cuerpo del tipo que empuñaba una navaja, le asaltó. La mirada de aquel pobre hombre y los sollozos del pequeño crío destruyeron su pequeño mundo. Y sin más, sabiendo que más tarde se arrepentiría de ello, se abalanzó contra su compañero.

Volvió a meter las manos en los bolsillos y elevó el cuello cerrando los ojos, dejando que la neblina humedeciera su rostro maltrecho. En ese momento, un coche se detuvo detrás de él. Bajó la vista al suelo y, con un suspiro, sabiendo lo que se le avecinaba, se giró a mirar de soslayo, clavando sus ojos verdes en el cañón de la pistola que le apuntaba con mano firme.


Un estruendo sordo y seco retumba por las calles de aquella ciudad sin nombre mientras la risa de un niño abrazado a su padre resuenan en la distancia.


Obra registrada en SafeCreative a nombre de Carmen de Loma. 

2 comentarios:

  1. Hola Carmen.
    Primero confesar que no soy mucho de dramas. Lo segundo decir que no me he comprendido el final. ¿Podrías explicármelo?
    Gracias. Un besote. Y gracias por seguirme en Twitter había buscado el tuyo hace tiempo y no lo encontré.

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    1. ¡Hola José! Me alegra tenerte de vuelta por el blog ^^
      ¿El final? Bueno, el amigo de Kevin avisó a su jefe de lo que había pasado y enviaron a alguien para acabar con la manzana podrida. En definitiva, que se lo cargan. Y gracias a él, el "Rober" sigue vivo y puede abrazar a su hijo.
      Es una paranoia que me dio, jejeje. No me gustan mucho este tipo de historias, porque creo que la vida ya es bastante dura de por si. Pero me vino a la cabeza y la escribí. :)
      Espero haberte aclarado las dudas ^^
      ¡Un abrazo! ¡Ah! Y no hay de qué, te vi y te añadí ;)
      Ahora sí, ¡¡besos!!

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