viernes, 17 de octubre de 2014

La Llamada. Capítulo 6.


Universidad Complutense de Madrid.


Universidad Complutense de Madrid.

El campus de la universidad era un hervidero de alumnos cargando con maletas de aquí para allá. Era viernes, y la mayoría regresaba a sus casas para pasar el fin de semana. Gómez atravesó la calle principal y cogió el desvío de la derecha hasta la facultad de Geografía e Historia, que era donde se suponía que debía encontrarse con el Dr. Thomson. Aparcó la moto cerca de la entrada y se introdujo en el edificio. 

El hall estaba desierto. Miró a su alrededor y vio una pequeña recepción donde una mujer, con gesto agotado, terminaba de colocar unos archivadores en una de las estanterías que tenía a sus espaldas.

-Disculpe -dijo Gómez desde la barra-. ¿Podría decirme cuál es el despacho del Dr. Thomson?

La mujer se giró a mirarle. Dejó el archivador en su sitio y se acercó hacia él.

-¿Tiene concertada una reunión con el doctor? -preguntó con tono rutinario-.

-Sí. Me está esperando.

La mujer le miró de arriba a abajo. 

-Y su nombre es... -dijo moviendo su mano y colocándose bien las gafas-.

-Sí, perdón. Luis Gómez. Llamó mi ayudante para concertar una entrevista con él.

La mujer suspiró y abrió un enorme libro que tenía a un lado de la barra.

-Aquí está -dijo señalando algo escrito-. 

Anotó algo y añadió:

-Es en la tercera planta. El despacho D-673. 

-De acuerdo, muchas gracias.

Gómez se giró para marcharse cuando la mujer le llamó. 

-Dígale de mi parte, que estas no son horas de recibir visitas. Estamos a punto de cerrar.

Gómez sonrió y asintió con la cabeza. 

Se dirigió hacia las escaleras y ascendió hasta la tercera planta.  

-El despacho D-673... -murmuró mirando en cada una de las puertas.-.

El despacho que buscaba estaba al final del pasillo. Y, para su sorpresa, encontró la puerta entreabierta. Gómez se acercó y golpeó la madera con los nudillos. 

-¿Hola? -dijo empujando la puerta-. 

El despacho era pequeño y estaba a rebosar de libros y cachivaches antiguos. En cierto modo, le recordó a las películas de Indiana Jones. 

-¿Hola? -volvió a preguntar-. 

Pero la sala estaba vacía. 

-Maldita sea... -renegó-. ¿Dónde se habrá metido el americano de las narices? 

Separó la silla que había frente al escritorio, dejó el casco sobre la mesa y se sentó a esperar. 

Le llamó la atención un pequeño reloj de arena que había en una de las estanterías y se levantó a observarlo mejor. Lo estaba cogiendo con una mano cuando alguien irrumpió en el despacho cerrando la puerta de un golpe. Gómez se giró a mirar extrañado y encontró a un hombre de pelo gris, con gafas de pasta y una bata blanca, apoyado en el marco de la puerta, respirando agitado.

-Disculpe -dijo dejando el reloj en su sitio-.

El hombre abrió los ojos asustado y se le quedó mirando algo contrariado.

-¡¿Quién es usted?! -gritó con evidente acento extranjero-. 

-Estoy esperando a...

-¡Lárguese! ¡Ahora no puedo atenderle!

Gómez se fijó en que el hombre ocultaba algo entre los pliegues de su bata.

-¿Es usted el Dr Thomson?

Pero el hombre no le respondió. Corrió hasta su escritorio y abrió el cajón. Levantó la vista y al ver que Gómez seguía allí, frunció el entrecejo.

-¡Le he dicho que se vaya! -le increpó introduciendo lo que llevaba escondido en el cajón y cerrándolo con llave-.

-¡¿Cómo que me vaya?! -se le agotó la paciencia-. ¡¿Es usted el Dr Thomson o no?! 

El hombre se quedó parado un instante ante el grito de Luis. 

-S..sí -dijo por fin-. Pero no le puedo atender ahora. Váyase, por favor. 

-Soy el Sargento Gómez. Necesito que me hable de su cooperante, Lucy Wales. 

Al oír el nombre de Lucy el hombre palideció. 

-¿Se encuentra bien? -dijo acercándose a él-.

-Sí, sí...

Se dejó caer en la silla y se sacó las gafas. Pasó la mano por el rostro, agotado.

-Sargento, ahora mismo no es un buen momento... No debería estar aquí... ¡Será mejor que se vaya!

-¡Pero si fue usted el que me dio hora para hablar con usted!

Thomson desvió la mirada hacia la puerta, con la preocupación escrita en el rostro. Gómez se giró a mirar también. Conocía muy bien esa mirada. Era la mirada de alguien que se esconde. 

-Dr Thomson, ¿le pasa algo?

Thomson le miró e intentó forzar una sonrisa. 

-No, no. No se preocupe por mí. Estoy algo afectado por lo que le ha pasado a Lucy, nada más.

Se levantó y le cogió por el brazo, guiándole hacia la puerta.

-¿Le importaría venir el lunes? Estaré encantado de ayudarle. Pero de verdad que ahora no puedo...

Gómez renegó por lo bajo.

-De acuerdo. Pero pobre de usted que no me atienda el lunes... -dijo mirándole con severidad-. Le empapelo, ¿me oye?

El hombre asintió mirando una y otra vez hacia el pasillo.

-No se preocupe, aquí estaré. 

Entró en el despacho y le cerró la puerta en las narices.

-Hay que joderse con el americanito... -murmuró-.

Se dirigió hacia la escalera y bajó hasta la planta baja donde la mujer acababa de ponerse el abrigo. 

-¿Ya está? -dijo sorprendida al verle-.

-No me ha podido atender. Vendré el lunes a primera hora.

-Estos estudiosos son así de raros, señor Gómez. No se lo tome en cuenta.

-Descuide -dijo abriendo la puerta de la facultad-. Pase, señora.

-Gracias...

Antes de salir se puso la mano en la frente y exclamó:

-¡El casco! Maldita sea. ¡Me he olvidado el casco en el despacho!

-Pues suba a buscarlo antes de que ese hombre se meta en alguno de los laboratorios...

Gómez no dijo ni adiós, entró de nuevo y corrió escaleras arriba hasta la tercera planta. Resoplando por la carrera, se sujetó al pasamanos y levantó la vista. Por suerte, todavía se veía luz debajo de la puerta. Se acercó resoplando. Antes de golpear la puerta, unos golpes le detuvieron en seco.

-Pero qué... -murmuró acercándose con sigilo-.

Sujetó el pomo de la puerta, pero antes de abrirlo, la puerta se abrió de golpe.

Un hombre vestido de negro chocó contra él, golpeándole en la frente.

-¡Joder! -refunfuñó pasando la mano por la frente-. ¡Ten cuidado, coño!

El tipo le miró, miró hacia el despacho y salió corriendo hacia las escaleras. 

-¡Eh! ¡Cómo mínimo discúlpate! -gritó entrando por la puerta-. ¡¿Pero qué diantres ha pasado aquí?! 

El despacho estaba revuelto. Los libros estaban tirados por el suelo y algunos de los cachivaches, rotos. Miró a su alrededor extrañado. Detrás del escritorio pudo intuir la silueta de alguien.

-¿Dr Thomson? -dijo acercándose hacia él-.

El hombre estaba sentado, apoyando su espalda en el escritorio. 

-¿Doctor? ¿Pero qué ha pasado?

Al arrodillarse junto a él, se dio cuenta de que sus manos temblorosas apretaban su pecho. Poco a poco, un cerco rojizo empezó a aparecer bajo sus manos. Gómez acercó su mano y levantó las del hombre. La sangre empezó a fluir con fuerza.

-¡Joder! -exclamó apretando con fuerza el pecho del viejo-. ¡¿Qué ha pasado?!

Thomson abrió los ojos un instante.

-S...señor Gómez... -dijo casi sin voz-. No debería estar aquí...

-¿Quién le ha hecho esto? 

-Eso ya no importa... ¡Cof! ¡Cof! 

-¡No se mueva! ¡Voy a llamar a una ambulancia!

Thomson le sujetó del brazo antes de que se levantara.

-Espere... -murmuró-.

Metió la mano en su bata y sacó, con gran esfuerzo, una llave.

-¿Pero es que no ve que necesita ayuda? 

-Tome, en el escritorio. Coja el sobre... Ha de entregárselo a Alyssa Jules...

-¿Qué sobre ni qué ostias? ¡Voy a llevarle a un hospital ahora mismo!

-¡No hay tiempo!

Gómez se quedó parado ante la mirada de Thomson. 

-¡Entréguele el sobre a Jules! Por... por favor... ¡Cof! ¡Cof!

La mancha de sangre cubría ya todo el pecho del hombre. 

-Lucy... Lucy me lo dio antes de que aquellos... ¡Cof! ¡Cof! No... no puedo más...

-¿Qué? ¿Qué ha dicho? 

-Señor Gómez -murmuró apenas en un susurro mientras le cogía de la mano a Luis-. Se lo suplico... no deje... no deje que la maten...

El hombre dejó caer su brazo al suelo. Gómez, que seguía apretando con fuerza la herida del pecho, se separó de él y suspiró. Colocó los dedos en su cuello. Estaba muerto. Le sacó las gafas y cerró sus ojos. Se puso en pie. Miró el escritorio. Desvió la mirada hacia Thomson y se agachó a coger la llave que aún aferraba en su mano. 

-Maldita sea, Mamen... Mira donde nos has metido -renegó-.

Se puso en pie y giró la llave. ¡Clock! El cerrojo se abrió. Tiró del cajón. Había un sobre color marrón del tamaño de una cuartilla. Miró a Thomson. ¿Qué habría en ese sobre para que tanto Lucy cómo él perdieran la vida? ¿Y esa tal Alyssa, también corría peligro? Cogió el sobre. Estaba cerrado por una goma y un botón. Lo abrió. En su interior había un papel. Lo cogió con los dedos.

-¿Una fotografía? -murmuró-.

Cuando vio la imagen impresa, sus piernas le fallaron. 

-Pero... Pero qué coño significa esto... -murmuró guardándola de nuevo-. 

Se quedó pensativo un instante. 

Sacó el móvil y marcó unos números.

-Mamen, soy yo. 

-¡Sargento! ¿Cómo ha ido la entrevista?

-Envía a una cuadrilla al despacho del Dr Thomson.

Silencio.

-¿Qué... qué ha pasado?

-Thomson ha muerto. Te lo explico en cuanto llegue. 

-Vale, vale. Enseguida aviso.

Colgó el teléfono y salió del despacho.

-Necesito un cigarro... -murmuró-.

Bajó las escaleras y salió al campus. Buscó la cajetilla en el bolsillo interior de la chaqueta y se colocó un cigarro en la boca. Cuando estaba a punto de encenderlo, un disparo golpeó la pared cerca de su cabeza.

-¡¿Pero qué coño?! -gritó cayendo al suelo por el susto-.

Miró a un lado y al otro. Otro disparo, esta vez cerca de sus pies. Se incorporó y corrió al interior del edificio. Puso la mano en el pecho y sacó su arma. Se asomó con cautela. Fuera no parecía haber nadie. Buscó entre los coches, detrás de los árboles... Nadie. Un reflejo le llamó la atención. Venía del edificio de enfrente. Apuntó con el arma y miró a través de la mirilla. 

-¡Es ese hijo puta! -dijo al reconocer al tipo que chocó con él momentos antes-. 

Para su sorpresa, el hombre se puso en pie. 

-¡SARGENTO GÓMEZ! -gritó-.

-¿Cómo? -exclamó extrañado de que supiera su nombre-.

-¡ENTRÉGUENOS LO QUE LE HA DADO EL DOCTOR!

Dudó unos instantes. Pero si quería sacar algo en claro de aquella extraña situación, sabía que no le quedaba otro remedio. Puso los brazos en alto y salió al exterior. Pudo reconocer a varios tipos trajeados en diferentes puntos de aquel edificio. Y había otros dos en un vehículo negro a unos 50 metros de allí.

-¡No sé de qué me habla! -mintió-.

-¡No sea terco, sargento! ¡Denos el sobre! ¡¿No querrá que su preciosa esposa sufra por su testarudez?!

Luis se puso tenso.

-¡Ni se te ocurra tocar a mi mujer! ¡Pedazo de mierda! 

-¡Eso depende de usted!

Gómez se quedó parado un instante en silencio, escrutándoles con la mirada.

-¡¿Sargento?! ¡Usted decide!

Gómez apretó su arma con rabia. ¿Qué? ¿Qué debía hacer? La imagen impresa se le presentó en la memoria.

-Mierda... -renegó arrepintiéndose de lo que estaba a punto de hacer-.

Apuntó con rapidez hacia el hombre y disparó. El tipo se escondió bajo la pared de la ventana y Luis aprovechó para salir corriendo. Los otros empezaron a moverse. El coche arrancó. Otro disparo. Luis apuntó al tipo que había a su derecha y vio cómo caía con una herida en el hombro. Apuntó al coche. Disparó y el vehículo perdió el control. 

Gómez intentó alcanzar la naked. Sacó el móvil de nuevo y le dio al botón de re llamada.

-¡Mamen! ¡Llama a Carla! ¡Dile que prepare las maletas! ¡Nos vamos! 

-¡Sargento! Parece nervioso.

-¡Vamos Mamen, no hay tiempo que perder! ¡Llama a Carla y díselo! Luego llama a Sánchez y le dices que nos vamos a coger los días que nos quedan de vacaciones, y que a ti...

-Sargento, ¿pero de qué demonios me está hablando? ¿Se va a ir de vaca...?

-¡Me quieres escuchar, maldita sea! -gritó disparando de nuevo su arma hacia el tipo del edificio-. Invéntate lo que quieras, pero nos vamos los tres. Busca un avión a Nueva York. ¡En dos horas te quiero en mi casa! 

Colgó el teléfono. Sacó las llaves de la Naked y arrancó perdiéndose a gran velocidad entre las calles del campus.



-Señor -dijo el hombre de negro al teléfono-. Gómez tiene el sobre.

-¡Maldita sea! -gritó golpeando la mesa con el puño-. ¡Le dije que no se metiera! 

-¿Qué hacemos?

Sánchez se hundió en su sillón de piel oscura y apretó la sien con la otra mano. Se irguió lo justo para poder apoyarse en la mesa y dijo:

-Ya nos ocuparemos de él más tarde. Ahora lo primero es la reunión con la facción americana.

-Sí, Señor.


Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SafeCreative.

Para acceder al capítulo 7, haz click aquí.

10 comentarios:

  1. ¡Este capítulo fue emocionante! ¡Todos están involucrados de alguna manera! Esperaré a ver como sigue esto porque se pone cada vez mejor. ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, Nahuel! Me alegra que te esté gustando, jejeje.
      ¡Nos leemos! ^^

      Eliminar
  2. Muy interesante Carmen, por fin la he leido. La historia cada vez con más intriga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, guapa! ^^ si, cada vez se lía más la cosa, pero a partir de ahora las cosas se van a empezar a desvelar, no te lo pierdas ;)
      Un abrazo fuerte!!

      Eliminar
  3. Muy bueno este capítulo. Con ganas de seguir leyendo los siguientes. ¡Seguid así!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡¡Gracias Aio!! Me hace mucha ilusión que te esté gustando :)
      ¡Un saludo!

      Eliminar
  4. Capítulo de misterio, suspense, intriga y acción. Muy emocionante. ¿Qué imagen tendría la foto?
    Decir que no he comprendido muy bien el final del capítulo. Espero que me lo aclares.
    Bueno, por hoy lo dejo. Te vuelvo a leer otro día.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  5. ¡Hola de nuevo!

    ¡Qué ilusión! Cuántas entradas leíste ayer ^^

    ¿El final? ¿Te refieres a cuando el hombre de negro habla con Sánchez? Ya lo entenderás en su momento. Pero ese Sánchez es el mismo que quiso apartar a Gómez del caso del asesinato en la ermita. Y se las trae, ya lo irás viendo ;)

    Y en cuanto a la foto, dentro de un par de capítulos se desvela. Estoy deseando saber qué te parece :P

    ¡Un abrazo bien fuerte y un besazo por pasarte por este pequeño trozo de nube! :)

    ResponderEliminar
  6. Osease que todos se relacionan, ahora parece que el jefe de Gómez es el causante de todo :-o.

    y ahora si todos se encontraran en NY pues al parecer Gómez se va para allá de "vacaciones" ;-).

    ¡saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Sanchez está metido en esto, y ya averiguarás el porqué... jejeje Y Gómez, bueno, no le queda otra que ir a NY, ha de poner a su familia a salvo y, de paso, conocer a Alyssa.

      ¡Saludos! :)

      Eliminar

¿Me ayudas a mejorar?
Dime qué te ha parecido ;) ¡¡Gracias!!