miércoles, 11 de febrero de 2015

La Llamada. Capítulo 18.

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Puerta de Bisagra. Toledo.

El trabajo de transportar a Cristian hasta la parte más alta fue duro. Gómez le cogía con fuerza, sujetando el brazo del Maestre alrededor de su cuello, y Alyssa le sujetaba del otro, intentando no tropezar.

-¿Sabes dónde estamos? -preguntó-.

-La verdad es que no... -dijo Luis haciendo verdaderos esfuerzos por olvidar el dolor que subía de su pierna-.

-Deberíamos estar cerca de Toledo -intervino Cristian con un hilo de voz-. ¡Ah!

Un latigazo en el costado le obligó a parar.

-¿Estás bien? -preguntó la doctora con la preocupación escrita en la cara-.

-Vamos. No debemos perder más tiempo.

Alcanzaron la cima de una pequeña colina. Al otro lado cruzaba una carretera y Gómez decidió bajar a pedir ayuda, con suerte, algún vehículo pasaría por allí. Le pidió a Alyssa que se sentara con Cristian y vendría a ayudarla cuando encontrara un medio de trasporte.

Al cabo de un rato, un todo-terreno blanco pasó por la zona. Conducía despacio. El piloto miraba hacia uno de los lados de la carretera y el copiloto, un tipo con gafas de sol oscuras, hacia el otro. Cuando les vio, Gómez se acercó al arcén y levantó los brazos haciendo señales para que pararan.

-¡Perdonad! -gritó corriendo hacia el vehículo que se detuvo unos metros más allá-. ¡Necesitamos ayuda!

Alcanzó el vehículo y se acercó a la ventanilla del copiloto.

-Señor, ¿se encuentra bien? -dijo el hombre al ver las magulladuras de su cara-.

-Hemos sufrido un accidente. Mi compañero está herido de cierta gravedad y necesitamos llegar a Toledo.

El hombre miró a su acompañante. Éste miró el GPS de su móvil y afirmó con la cabeza. Cuando descendió del vehículo, Gómez dio dos pasos hacia atrás. En la solapa de sus chaquetas se podía ver el emblema de los templarios.

-Llévenos hasta el herido.

-¿Sois templarios?

-Eso a usted no le incumbe -dijo el que conducía con tono desagradable-. Vamos, no podemos perder más tiempo. Buscamos a alguien.

Gómez sonrió al escuchar esas palabras.

-Pues si buscan lo que creo que están buscando, estamos todos de suerte. Acompáñenme.

Les guió hasta la colina donde Alyssa y Gómez les esperaban. Al ver al Maestre, corrieron hasta él.

-¡Señor! ¿Está usted bien? ¿Qué ha pasado?

-Hemos perdido contacto con el helicóptero y hemos estado buscándoles -añadió el otro buscando con la mirada al piloto-. ¿Y Daniel, señor?

Cristian hundió la cabeza.

-No ha sobrevivido al accidente -dijo con un hilo de voz-.

Alyssa y Gómez guardaron silencio.

-Bueno, vamos -dijo el conductor-. No podemos perder más tiempo. En la sede les curaremos las heridas.

Se dirigieron hacia el vehículo. Ayudaron a Cristian a sentarse y arrancaron el motor, acelerando dirección Toledo.



En el cortijo se respiraba la emoción de saber que el momento estaba cerca. Y con el pergamino en sus manos, el ritual sería un éxito.

A Carla e Irene las metieron en una habitación sin ventanas, las ataron a las sillas y cerraron la puerta con llave.

-Hija -dijo intentando acercarse a ella-. ¿Estás mejor?

Irene levantó la cabeza y miró a su madre. Tenía los ojos hundidos.

-Mamá...

Su voz se quebró.

Carla apretó los puños llena de ira. Pensó en Luis. ¿Dónde estaría? ¿Estaría bien?

-Hija de puta... -renegó pensando en Mamen-.

En ese momento el cerrojo de la puerta se abrió. Fue Sánchez quien entró por el umbral.

-Hola Carla -dijo acercándose a ellas y sentándose en el sillón que quedaba en frente-.

Carla no podía dar crédito a lo que veía. Irene levantó la vista y miró a su madre con perplejidad.

-¿Señor Sánchez? -llegó a decir-. ¿Qué...Qué hace aquí?

-Lo siento, Carla. Esto no debía haber salido así... No debisteis involucraros en algo que os quedaba grande.

-¡No me venga con jilipolleces! -Carla tiró de sus muñecas en un afán por enfrentarse al jefe de su marido-. ¡¿Qué coño está pasando?!

Miró a su hija.

-¡Habéis matado a Martin!

Sánchez la miró extrañado y Carla soltó una carcajada irónica.

-No me diga que ni siquiera lo sabía...

-Lo siento mucho, Irene -dijo pasando la mano por su rodilla-. Pero en toda guerra hay bajas inevitables.

-¡Pero qué guerra ni qué narices! ¡Él no tenía nada que ver con esto! -gritó Irene de pronto-.

Las lágrimas resbalaban por su rostro.

-Bueno, no cabe lugar discutir sobre esto ahora. Sólo pasaba para ver si estabais bien -dijo incorporándose-.

-Sánchez -le detuvo Carla antes de que saliera-. Por lo menos dime una cosa. ¿Luis está bien?

Sánchez se giró a mirarla antes de abrir la puerta.

-Sí. De momento.

Salió y volvió a cerrar con llave.

Se dirigió hacia la sala donde Mamen hablaba con Smith.

-Mamen, ven un momento.

Mamen miró a Smith extrañada por el tono de su jefe y se acercó.

-¿Qué pasa?

-¿Has matado al chico, al americano?

-Sí, bueno, es que no me quedó más remedio -se defendió, dibujando una sonrisa inocente en su rostro-.

Sánchez suspiró.

-Por el amor de dios, Mamen, eres de gatillo fácil... -murmuró-. Debiste pensártelo antes de hacerlo... Además, ¿por qué las has traído?

Aquella pregunta la pilló desprevenida.

-Las necesitaremos. Gómez viene detrás nuestro. Si no las usamos podría llegar a ser peligroso.

Sánchez la miró con dureza.

-No. Ahora sí que será peligroso. Pensaba que le conocías.

Mamen, extrañada, quiso preguntarle a qué venía eso. Pero Sánchez le dio la espalda y la dejó con la palabra en la boca.



Al llegar a la Sede de Toledo, que no era otra cosa que un ático en un edificio a las afueras de la ciudad, les llevaron a curar a una sala que parecía de hospital. Mientras desinfectaban las heridas, un hombre, vestido con el uniforme negro que ya estaban acostumbrados a ver, entró en la sala.

-Les hemos localizado -dijo irguiéndose frente al Maestre y colocando su mano a modo de saludo-.

-Perfecto -dijo con una mueca de dolor al sentir el alcohol en una de sus heridas-.

-No están en el castillo, como creíamos en un principio. Según los hombres que tenemos allí, se encuentran en un cortijo a las afueras.

-Gracias por la información.

-¿Y qué vamos a hacer ahora? -preguntó Gómez nervioso-.

Si no estaban en el castillo, lo más probable era que Carla e Irene tampoco.

-De momento deben recuperarse de sus heridas, sargento -dijo el conductor del todo-terreno-.

-Así es, cuando nos hayan curado trazaremos el plan de ataque.

Gómez frunció el entrecejo. Le terminaron de vendar la pierna herida, se colocó bien el pantalón y salió de la habitación. Parecía enfadado. Alyssa le vio salir y, tras quitarse de encima al enfermero, salió detrás de él.

-¡Gómez! ¡Espera!

Luis se giró a mirarla.

-¿Estás bien?

-¿Cómo quieres que esté bien? Estamos perdiendo un tiempo que no tenemos -dijo pasando la mano por su cara-. Maldita sea...

Se giró hacia la sala. Varios hombres, sentados frente a unos ordenadores de última generación, discutían sobre los datos que tenían en sus pantallas. Vio la imagen de satélite de una vieja casona que reconoció al instante, y sus ojos se abrieron brillando de un modo especial. Se dirigió hacia Alyssa.

-Voy a fumar un cigarrillo, necesito salir de este agujero -dijo buscando entre sus bolsillos la cajetilla de tabaco-.

-Claro...

Salió de la sala. Vigiló que nadie le estuviera mirando y se dirigió a hurtadillas hacia la habitación dónde el tipo que les recogió dejó las llaves del vehículo. Miró a ambos lados y se introdujo. Buscó entre los armarios. La llave estaba colgada en un llavero de pared que había en la puerta de uno de ellos. Cogió la llave del todo-terreno y se acercó de nuevo a la puerta. Miró por la rendija. No había nadie, estaban demasiado ocupados intentando decidir cuál sería el próximo paso a dar. Salió, cerró la puerta con cuidado y se dirigió hacia la entrada principal. Estaba a punto de salir cuando uno de ellos le detuvo.

-¿Dónde va?

-Esto... -dijo nervioso-. Voy a fumar un poco.

-Puede salir a la terraza, señor.

-No, no... Necesito pisar la calle, si no le importa.

El hombre le miró de arriba a abajo. Parecía estar agotado y sintió lástima por el recién llegado.

-Claro, hombre. Llame al ático primera y le abriré para que suba.

Gómez respiró aliviado.

-Gracias, no tardaré.

Salió al rellano y, al cerrar la puerta, bajó por las escaleras mientras sacaba el móvil que había cogido prestado de la misma sala.

-¡Carlos! -dijo cuando contestaron al otro lado de la línea-.

-¡Sargento! ¡Llevo intentando localizarlo desde hace horas!

-¡Necesito tu ayuda! Quiero que vengas a buscarme.

-Claro, ¿dónde tengo que ir?

-Estoy en Toledo. Te espero en la Puerta de Bisagra. Y date prisa.

Carlos afirmó y colgó el teléfono.

Llegó a la planta baja del edificio, se apoyó en sus rodillas para recuperar el aliento y corrió como pudo hacia el sitio indicado.

Al alcanzar la subida hacia la puerta, vio que Carlos llegaba en su Seat Ibiza y daba una vuelta a la rotonda buscándole con la mirada. Corrió hasta llegar allí, se colocó al borde de la carretera y levantó el brazo para que le viera. Al verle, aparcó de mala manera y subió al coche, sentándose en el lado del copiloto. La pierna herida le dio un calambre y se pasó la mano por la zona vendada, intentando aliviar el dolor.

-Hola Sargento. ¿Pero qué le ha pasado? -dijo sorprendido al ver sus heridas-.

-Es una larga historia. Vamos, hay que regresar a San Martín. Aunque... -se quedó pensativo un instante y se giró para mirarle-. ¿Tu padre aún es aficionado a la caza?

-Claro. ¿por qué lo pregunta?

-Necesitamos armas.

Carlos, sorprendido ante aquella afirmación, arrancó el vehículo y condujo dirección a casa.

Durante el trayecto, Gómez le explicó la locura ante la que se encontraban. No podía creerlo. Pero menos aún cuando le explicó lo que Mamen había hecho.

-¿Mamen? Joder... Esto sí que no me lo esperaba...

-Ni yo. Pero así son las cosas. Pero tarde o temprano se las verá conmigo. Y entonces...

Carlos se fijó en cómo apretaba los puños. Gómez estaba dispuesto a todo. Y él lo sabía. Guardó silencio un instante.

-¿Aún mantiene contacto con los de su regimiento? -dijo de pronto sin dejar de mirar al frente-.

-¿Por qué lo dices? -preguntó sorprendido por la pregunta-.

-Si es cierto lo que me ha explicado, seguro que habrá más gente del cuerpo involucrado. Y no nos vendría mal algo de ayuda.

-Ahora que lo dices... Hace tiempo que no hablo con ellos, pero quizá nos puedan ayudar.



En la Sala del Sarcófago, los dos soldados que vigilaban la entrada no volvieron a recibir visita alguna. Pero podían oír las voces que venían de la superficie.

-Parece que ha empezado el movimiento -dijo Ángel mirando hacia el techo-.

-Sí, eso parece -Lolo se giró hacia la sala. Desde que el hombre con el colgante les visitó, el cuerpo del extraño ser no cesó de emitir aquel aura oscura que tanto le perturbaba. Pasó la mano por el crucifijo y añadió-. Y esa cosa no ha dejado de sacar esa especie de humo negro...

-¿Qué? -dijo girándose hacia el ataúd-. ¿De qué humo estás hablando?

-¿Es que no lo ves? Esa especie de aura negra que envuelve todo su cuerpo.

-Macho, ni idea de lo que me hablas...

En ese momento su móvil empezó a vibrar en el bolsillo de su chaleco. Lo sacó y miró quién llamaba.

-Quién será ahora -dijo Lolo con sorpresa-. Voy a cogerlo.

Se alejó unos metros para buscar algo de cobertura y descolgó.

-¿Si?

-¿Lolo?

-¡Hombre, Luis! ¡Cuánto tiempo!

-Hola. Siento haber tardado tanto en llamar. ¿Tienes un momento?

-Lo siento, ahora me pillas en un trabajo... Oye, ¿ha pasado algo? -preguntó al percibir cierta ansiedad en su voz-.

-Espera un momento -dijo Gómez-.

-Bajo un momento, enseguida vuelvo. ¿Qué quieres que coja?

Oyó que decía alguien al otro lado.

-Todo lo que puedas.

-De acuerdo.

Oyó que cerraban la puerta de un coche.

-Ya estoy contigo. Lolo, escucha, necesito vuestra ayuda.

Gómez le explicó todo lo que había pasado. Lo del asesinato en la ermita, el altercado en la universidad, cómo Mamen les traicionó y lo de su mujer. Lolo miró hacia Ángel. Éste levantó las manos interrogándole con gestos y Lolo movió su mano indicándole que luego le explicaría.

-Así que esto es lo que hay. Me importa una mierda la guerra entre legiones que ni siquiera creía que existían. Gane quien gane, este mundo está tan podrido que no creo que se note cambio alguno. Sólo sé que tienen a mi mujer y a mi hija, y que voy a hacer todo lo que esté en mi mano por recuperarlas.

Lolo se quedó pensativo un instante y se giró a mirar a su compañero.

-Deja que lo hable con Ángel, que está conmigo, y ahora te llamo.

Colgó el teléfono.

-¿Quién era?

-¿Te acuerdas de Luis Gómez?

-¡Coño! ¡Luis! Claro que le recuerdo. ¿Qué quería?

-¿Sabes la morterada que nos iban a soltar al acabar el trabajo? Pues creo que nos vamos a quedar sin ella...

Le explicó lo que Gómez le dijo y Ángel, que al principio dudaba, dijo:

-A la mierda el dinero. De todas maneras esos tíos no me han gustado nunca.

Lolo sonrió sintiéndose, en cierto modo, aliviado. Desde que comenzó su misión sentía que algo no iba bien. Aquella cosa que dormía en el ataúd no debía despertar. Fuera lo que fuese, le generaba un malestar que no había sentido hasta entonces. Y no le gustaba.

-De acuerdo. Pues deja que le llame.

Marcó el botón de rellamada.

-¿Luis? Cuenta con nosotros.

-¡¿Sí?! ¡Muchas gracias!

-Tú nos salvaste la vida en los Balcanes, es lo mínimo que podemos hacer por ti. Además -dijo girándose hacia el sarcófago-. Creo que te llevarás una sorpresa cuando sepas en lo que estamos trabajando.

-¿Por qué?

-Porque precisamente estamos vigilando al “angelito” -dijo con una sonrisa en los labios-.

-¡¿Qué?!

-Hace unos días nos contrataron para vigilar una sala del castillo, y mira por dónde, ha resultado ser la sala del demonio que dices que quieren despertar.

Gómez sonrió. Por fin las cosas se ponían a su favor.

-Así que, ¿qué quieres que hagamos? -preguntó Lolo-.

-Ellos tienen lo que yo más quiero. Pues ahora, yo cogeré lo que ellos más quieren.

-De acuerdo. Te limpiaremos el camino hasta aquí. Ya sabes por donde te será más fácil entrar -dijo guiñándole un ojo a Ángel-.

-Claro que sí. Voy para la Ermita. Hasta ahora.


Carlos aparcó a una distancia prudencial del viejo edificio de piedra. Bajaron del vehículo y se acercaron al maletero.

-¿Qué hacemos aquí, sargento?

-Se nota que aún eres joven... -dijo sonriendo-. Esto es de antes de que cerraran la ermita al público. De niños nos gustaba jugar por esta zona y encontramos un pasadizo que unía la ermita con el castillo. Tengo entendido que lo bloquearon para cortar el acceso, pero intentaremos colarnos.

Carlos le miró con incredulidad. Desvió la vista desde la ermita al castillo, que se veía de lejos, y sonrió.

-Pues andando -dijo dándole una escopeta-.

Cogió otra, guardó la munición en sus bolsillos y, tras forzar la entrada, se adentraron en la penumbra del santuario.


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Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SafeCreative.

6 comentarios:

  1. Buenisimo el reencuentro entre viejos companeros y que ahora devolveran ayudas de antano, siendo los guardianes del sarcofago.
    Para cuando el desenlace, reencuentro familiar, etc
    Venga cchic@s a darle al lapiz cuanto antes.
    Enhorabuena

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    1. ¡¡Uooo!! Aluvión de comentarios XD
      Jjejje Muchas gracias por leernos, nos hace feliz que os guste la historia tanto como a nosotros escribirla. Está siendo muy divertido, la verdad :D
      Ahora la piedra está en el tejado de J.C. así que le toca ponerse a él, jejeje
      ¡Te esperamos en los próximos, que sin duda prometen! ^^
      ¡Un abrazo!

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  2. Cada vez se pone más interesante. Ahora los protagonistas tienen aliados en las entrañas del enemigo. ¿Quién lo diría? Je, je, je... Se emocionante cuando comiencen los tiros. Jue, je, je, je. ¡Saludos!

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    1. Pues sí XD ¡¡Siempre hay que tener un as en la manga!! Y mira por donde los soldaditos que vigilan el sarcófago ¡me vinieron al pelo!
      Le habría metido la acción, pero entonces rivalizaría con tus capítulos (lo digo por la extensión jejejeje) XD
      A ver cómo continúa la historia. Tengo ganas de ver qué se le ocurre a J.C.
      Pues nada, ya te has puesto al día, así que te tocará esperar a que salga el resto :)
      ¡Un abrazo! Y gracias por pasarte ^^

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  3. Mira que bien, ya se están poniendo las cosas a favor de Gómez, ya hasta consiguió armamento jajaja .
    A seguir que casi termino.
    ¡Saludos!

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    1. Sí, se va acercando el final ^^ Gómez tiene sus contactos ;) Y ahora tiene la oportunidad de conseguir recuperar a su familia.
      ¡Saludos! Y gracias por seguir hasta el final!!

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