domingo, 25 de enero de 2015

La Llamada. Capítulo 16.

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Gómez sintió cómo las lágrimas caían de sus ojos por la rabia y la impotencia que sentía. Ahora su mujer y su hija se veían involucradas en una trama que ni él llegaba a comprender. Y a manos de aquella en la que confió. Se sintió traicionado. Se sentó sobre sus rodillas y observó cómo el avión se alejaba por el cielo despejado de aquel país que ni tan siquiera le gustaba. Apretó los puños lleno de rabia y se puso en pie. En ese momento llegaron Alyssa y Cristian.

-¿Estás bien? -preguntó Alyssa colocando su mano en su hombro-.

Gómez se apartó de ella con brusquedad.

-No me toques -contestó con dureza-.

-No te preocupes, las encontraremos -dijo intentando tranquilizar a un Gómez cada vez más iracundo-.

-¡¿Qué no me preocupe?! ¡¿Cómo coño me puedes decir que no me preocupe?! -gritó encarándose a ella-.

Cristian les observó en silencio.

-¡Todo esto es por tu culpa!

-¿Por mi culpa? ¡Yo no he hecho nada!

-¡Si no te hubieras empeñado en buscar ese maldito pergamino, esto no habría ocurrido!

-¡Yo no tenía ni idea de lo que podía pasar! -se defendió ella-. ¡Mi amiga también ha muerto, por si no lo recuerdas!

-¡Me importa una mierda! Nunca debí involucrarme... ¡Y ahora ellas están en peligro!

Sin esperar respuesta Gómez se dirigió hacia el hangar. Cristian se acercó a Alyssa, que parecía confundida y dolida por la reacción del sargento.

-No se lo tengas en cuenta. Ha debido ser muy duro para él ver cómo se las llevaban.

Alyssa le miró y guardó silencio.

-No es culpa tuya, Alyssa. No es culpa de nadie.

-Lo sé -dijo apenas sin voz-.

Crisitan llamó a la sede y pidió que enviaran un helicóptero para recogerlos. Cuando llegaron a la entrada, Gómez les esperaba apoyado en el vehículo de Cristian.

-¿Está bien, sargento? -preguntó el Maestre-.

Pero Gómez, ignorando su pregunta, dijo con sequedad:

-Vamos. No podemos perder más tiempo.

-He pedido que nos venga a recoger un helicóptero. No creo que tarde en llegar.

En ese momento el teléfono de Gómez vibró en su bolsillo. Lo sacó y contestó tragándose la rabia y la impotencia.

-¿Sí?

-Señor Gómez -dijo una voz masculina con acento americano-. Soy Jonson.

La voz de su consuegro sonó apagada y distante, envuelta por el murmullo característico de las comisarías.

-Dígame.

-Han... -su voz se quebró por un instante-. Han asesinado a mi hijo.

Luis guardó silencio. Tras enterarse de lo ocurrido, su mente borró la muerte de su yerno para ser ocupada por el único pensamiento de liberar a su familia de las garras de su compañera.

-Lo siento -alcanzó a decir-.

-Ha sido su compañera.

-Lo sé -contestó pasando la mano por su rostro-. Y lo siento mucho. Pero ahora no tengo tiempo de hablar con usted...

-Señor Gómez -le interrumpió-. Por favor, escúcheme.

Gómez suspiró.

-De acuerdo. Pero dese prisa.

-No sé la razón por la cual han asesinado con tanta sangre fría a mi hijo. Me han sacado del caso y ahora, en mi posición, no puedo hacer nada... Pero usted sí. ¡Usted sí que puede hacer algo! ¡No permita que esa hija de puta se salga con la suya! ¡Se lo pido como compañero!

-Pero...

-¡No puede permitir que esa bruja ande por ahí como si nada! ¡Ha matado a mi hijo, por el amor de dios!

Jonson se alteró por momentos. Su voz empezó a temblar. Gómez conocía de sobra aquella actitud y reaccionó.

-Agente, cálmese. Sé que ha sido un golpe muy duro. Pero debe mantener la cabeza fría.

Se giró hacia la puerta del vehículo pensativo.

-Lo que debe hacer ahora es ir junto a su familia. Su mujer le necesita, ¿de acuerdo?

-¡Pero cómo quiere que me quede de brazos cruzados! ¡Dígame dónde está e iré con usted! ¡Puedo serle de ayuda! ¡Conozco la ciudad!

-Ahora usted no se debe preocupar de otra cosa que no sea la de velar por su familia y guardar el duelo por aquel que le han arrebatado ¿de acuerdo? Debe volver a casa y consolar a la madre de su hijo. Yo me encargaré de encontrar a Mamen. Recuerde que tiene a mi mujer y a mi hija. No pienso dejar de buscar hasta dar con ella.

Jonson guardó silencio.

-¿Me ha oído?

-De acuerdo... Pero Gómez -dijo al fin-. Prométame que vengará la muerte de Martin.

Dijo aquellas palabras con todo el odio que guardaba en su pecho. Con toda la rabia que una persona puede sentir al perder a un hijo de aquella manera.

-Se lo prometo -sentenció.

Colgó el teléfono y Alyssa se le acercó.

-¿Cómo puedes decirle eso cuando ni siquiera tú te aplicas el cuento?

Estaba molesta. Luis la miró y bajó la cabeza.

-Lo siento -murmuró-. Sé que no es culpa suya, doctora. No debí decir eso.

El rotor de los motores de un helicóptero se oyó a lo lejos.

-Ya están aquí -dijo Cristian encaminándose hacia la pista-. ¡Vamos!

Se pusieron en camino y el teléfono volvió a sonar.

-Hay que joderse, puto teléfono... -renegó-. ¿Sí?

-Sargento, siento molestarle en sus vacaciones.

Era el agente Carlos, desde San Martín.

-¡Carlos! ¿Qué pasa? -dijo sorprendido por la llamada-. ¿Por qué me llamas?

-Algo raro está pasando en el pueblo.

Gómez miró a sus compañeros que acababan de introducirse en el vehículo.

-¿Qué ha pasado?

-Verá, hace unos días supimos que el castillo lo ha comprado un millonario extranjero. Pero eso no es lo raro, ya sabemos cómo funcionan las cosas en este país... Lo que me ha llamado la atención es que desde hace un par de días el pueblo se ha llenado de vehículos de alta gama, generalmente oscuros. Y hágame caso si le digo que esa gente esconde algo. Se pasan el día dando vueltas por el pueblo pero ni entran en los bares ni compran nada. Yo creo que están vigilando algo o a alguien...

Carlos era nuevo en el cuerpo y el más joven de todos los agentes. Pero enseguida se ganó el respeto de los demás. Primero de su promoción en criminología, era un erudito en el estudio de la conducta humana y el lenguaje corporal. Si él decía que era raro, Gómez le creía. Además, no podía ser una simple coincidencia.

-De acuerdo, Carlos. Muchas gracias por avisarme.

-Pensé que debía saberlo.

-Y has hecho bien. Hazme un favor. Vigila a esos tipos. Y, siempre cuidándote de que no te descubran, estudia de cerca los movimientos que pueda haber en el castillo.

-Sargento, ¿ha pasado algo que yo no sepa?

Carlos notó que el tono de voz de su jefe no era el habitual.

-Te lo explicaré en cuanto llegue. ¡Ah! Si antes de que llegue yo ves que Mamen ha regresado, házmelo saber de inmediato. Pero no te acerques a ella ni a ninguno de los hombres que haya por los alrededores, ¿de acuerdo?

-Claro sargento. No hay problema.

Colgó el teléfono, lo guardó en la chaqueta y corrió hacia el helicóptero. Nada más subir, el piloto cerró la puerta y se dispuso a despegar.

-Debemos volver a España. Creo que van hacia allí.

-Pero eso significa... -dijo Cristian pensativo-.

-¡No puede ser! ¡Claro! -exclamó Alyssa-. ¡El viernes se darán todas las circunstancias de las que hablaba el pergamino!

-¿Qué quieres decir?

-Mientras tuve el pergamino, lo único que conseguí descifrar, antes de que me apartaran de la investigación, fueron unos acontecimientos concretos. Recuerdo que mencionaba la luna nueva, que nombraba como una noche de oscuridad absoluta y un principio de mes. ¡Y el viernes precisamente habrá luna nueva y el día coincide con el principio de mes del antiguo calendario celta! Había varias coincidencias más, pero ahora no las recuerdo.

-Lo que significa que el día elegido para realizar la llamada es el viernes -añadió Cristian. Se aproximó al piloto y añadió-. Daniel, ¿Crees que con esto podríamos llegar a España?

El piloto se giró extrañado.

-Creo que sí. ¿Cambio de planes?

-Sí. Avisa que viajamos hacia Europa. Que los de la sede de Toledo estén preparados para nuestra llegada.

-Sí, señor.



Mientras tanto, un jet privado procedente de Edimburgo con destino Madrid, cruzaba aguas internacionales. Sánchez miraba las nubes que sobrevolaban. Parecían colchones de algodón blanco inmaculado. Sir William, el hombre ataviado con el traje escocés, se levantó de su asiento y se situó junto a ellos.

-¿Cómo va el viaje, caballeros? -sin esperar respuesta, se dirigió hacia el compañero de Sánchez-. Mister Smith, ¿me dejaría ocupar su asiento un instante?

Smith y Sánchez se miraron.

-Me gustaría hablar con el Señor Sánchez.

-Claro -dijo poniéndose en pie y dirigiéndose hacia uno de los asientos vacíos-.

Sir William se sentó y observó a Sánchez con una sonrisa que no supo descifrar.

-Ya queda poco para llegar al lugar sacro -empezó a decir. Sánchez guardó silencio-. Allí nos espera el Prior. Tiene muchas ganas de conocerle, Señor Sánchez. Un templario que es capaz de traicionar a su Orden como usted ha hecho, no se ve todos los días.

Pasó la pierna por encima de su rodilla y entrelazó los dedos a su alrededor.

-Dígame, Señor templario, ¿a qué se debió ese cambio?

Sánchez le miró. Tenía la mirada de un perro viejo al que le acababan de provocar.

-Las razones por las que lo hice, Sir William, no le incumben. Eso para empezar. Y, si no le importa, no quiero que vuelva a llamarme templario con ese tono despectivo que acaba de usar. Puede que haya traicionado a mi Orden, pero le sigo guardando respeto y espero que usted y su séquito de ricachones, lords o lo que mierda sean, les guarden el mismo respeto.

-No se ofenda, Señor Sánchez. Por nada del mundo me gustaría ofenderle a usted o a su compañero. Era simple curiosidad.

La mirada de William le escrutó con detenimiento, como un reptil acechando a su presa. En ese momento el piloto del avión anunció la entrada en territorio español.

-En breve llegaremos a destino. Les ruego tomen asiento.

William se puso en pie y salió al pasillo.

-Disfrute de lo que queda de trayecto, agente.

Sánchez suspiró aliviado al verle marchar. Ese hombre le incomodaba. Su arrogancia, su altivez. Pero debía mantener la sangre fría si quería que las cosas salieran tal y como estaban previstas.

Cuando llegaron al aeropuerto, varios vehículos les esperaban en la terminal. Subieron y fueron llevados a una casa rural, que más que una casa parecía un cortijo, dónde les esperaba el resto de la cúpula del Priorato.

-Pensaba que nos llevarían a San Martín -le dijo Sánchez a uno de los que iban en su mismo coche-.

-No. Hasta mañana no iremos allí. Hemos recibido noticias de que están siendo investigados por la policía local y no quieren que corramos riesgo alguno antes de mañana.

-Entiendo...

-Pero... -la mirada del hombre cambió-. Creía que usted se encargaría de mantener a su gente al margen.

Sánchez se removió inquieto.

-No se preocupe, averiguaré quién ha dado la orden de investigar algo que no he autorizado.

-Gómez... -pensó maldiciendo su suerte-.

El cortijo estaba rodeado por una verja antigua. Se componía de tres caserones individuales que formaban un patio interior con una plaza. Sin duda, alquilar aquel lugar debió costar caro. Bajaron de los vehículos y fueron conducidos hacia la casa principal. Estaba decorada con muebles castizos de una notable antigüedad. Pasaron por diferentes salas y, en una de ellas, como trofeos, estaban expuestas varias cabezas de caza mayor, entre las que se encontraba la de un Oso Pardo.

-Qué vulgaridad... -comentó William, quién detestaba la caza por diversión, aunque por su estatus social se había visto obligado, en más de una ocasión, a participar en la Caza del Zorro que cada año organizaban en su país-.

La sala donde les esperaban estaba ocupada por una mesa de grandes dimensiones donde esperaban sentadas tres personas. Una de ellas, cubierta con una túnica y el colgante que le definía como el Prior, estaba sentada al frente de todos. Los recién llegados fueron escogiendo asiento y no tardaron en servir el almuerzo.

-Mis queridos compañeros -dijo poniéndose en pie-. Bienvenidos. Les estábamos esperando con emoción.

Sánchez le observó. Era un hombre alto y delgado con un tono de piel ligeramente dorado, un moreno natural que no había visto antes. Su rostro tenía una nariz aguileña y unos ojos negros profundos. No pudo ubicar su acento pero, en cierta manera, le recordó al acento árabe.

-Mañana es el gran día, caballeros. Cuando entre la noche, una noche de oscuridad total, dónde ni las nubes se atreverán a asomarse, será el gran momento: La llamada de nuestro ángel, nuestra arma más poderosa. Por fin podremos alcanzar aquello que hemos ansiado durante tantos años. Por lo que hemos luchado sin desvanecer. Somos pocos los que quedamos...

Se sentó en su asiento y guardó unos minutos de silencio, sólo roto por el ladrido de algún perro lejano.

-Eran grandes hombres, grandes amigos los que han perdido la vida por nuestra causa. Pero ya estamos cerca y su muerte no habrá sido en vano.

-Por supuesto, prior -dijo William llamando la atención del resto-. Pero no olvidemos que los Templarios nos siguen los pasos de cerca. Aún podría haber alguna reyerta antes de que llegue la hora.

-Lo sé, mi querido William -el prior y Lord Michaels eran los únicos que podían dirigirse hacia él sin utilizar el Sir-. Esos incansables e insufribles caballeros no nos lo van a poner fácil. Pero, aunque ellos nos ganen en número, nosotros poseemos el pergamino y nuestra preciada arma.

Se formó un pequeño murmullo cuando los ojos del hombre se posaron en los de Sánchez.

-Porque, tenemos el pergamino, ¿no es así?

No ocultó el recelo que Sánchez le producía. Si algo sabía por la experiencia al mando del priorato, era que los Templarios rara vez traicionaban sus ideales.

-Por supuesto -contestó tajante-. Y en breve lo tendremos aquí. Mi soldado se encargará de traerlo en persona. Dele unas horas más y lo podrá comprobar usted mismo.


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Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en Safecreative.

10 comentarios:

  1. Increíble la trama que has montado. Unos personajes muy creíbles. Una aventura con ingredientes (aunque me falta mucho de leer) que hacen que la historia no sea nada sencilla, pero su lectura muy ligera y clata. Estupenda Carmen! Bravo!

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    1. ¡Hola Miguel Ángel!

      ¡Muchas gracias! Aunque la trama no es solo mía, J.C. (el creador de leyendas) es también partícipe de ella :)

      La verdad es que cada capítulo se lía más la cosa, a ver cómo termina jeje A mí, en particular, hay varios personajes que me gustan mucho, y está siendo muy divertido crearlos y ver cómo van creciendo con la historia :D

      ¡Muchísimas gracias por pasarte por el blog y por dejarme un comentario! ¡Un abrazo! ^^

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  2. ¡Guau! La trama parece que se acerca a su desenlace. Tengo mucha curiosidad por saber qué ocurrirá esa noche con el sarcófago. Los capítulos que están por venir prometen, y seguro que nos sorprendéis. ¡Cuando Gómez se reencuentre con cierto personaje será todo un momentazo!

    Os seguiré leyendo con ganas. ¡Un abrazo!

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    1. ¡Buenas!
      Sí, jejeje ¡¡puede ser un encuentro donde salgan hasta chispas!! XD
      Muchas gracias. Qué bien que te esté gustando tanto ^^
      ¡Un abrazo! :D

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  3. Vamos, vamos que se aceleran las cosas y tienden a confluir con todo el mundo de vuelta a Espanya a San Martin...
    Casi ahora no puedo psrar para ponerme totalmente al dia. Buena trama la que estais montando.

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    1. Ya te hemos enganchado, ehhh??? jejeje
      De vuelta a España, y ¡con el tiempo en contra!
      Gracias por el comment! :)

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  4. Pronto se sabrá qué sucederá esa noche... ¡Qué intriga! ¡Je, je, je! Los caminos convergen y lo que ocurrirá promete. Je, je. Les está saliendo una historia excelente. ¡Saludos!

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    1. ¡Hola Nahuel!
      Sí, ya empiezan a unirse los cabos. ¡A ver cómo termina todo!
      Muchas gracias :D Hacemos lo que podemos ^^
      ¡Un abrazo!

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  5. Ya voy en el 16, espero terminar hoy,y sigue cada vez mas intrigante, como te darás cuenta soy un tanto ansiosa, por eso me gusta leer historias que ya estén completas, así no tengo que esperar para el siguiente capítulo ;-).

    También para mi Dan Brown es uno de mis autores favoritos, es de los que mas he leído, supongo que por eso me enganché desde el principio con esta historia :-)

    ¡Nos leemos en el siguiente! ¡Saludos!

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    1. ¡Buenas!

      Así que tú eres de las mías, jeje Si una historia engancha no la sueltas ^^ (Qué bien que te haya pasado con esta!!)

      ¡Abrazo! :D

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