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Chevalier V

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Mirada de un Caballero

Boisseau corrió a través de la vegetación. Los perros se oían cada vez más lejos. Paró junto a un inmenso roble y se apoyó en su corteza a recuperar el aliento. Sabía que tarde o temprano el conde daría con él. Pero antes debía terminar su misión como Chevalier. Respiró dos o tres bocanadas de aire y empezó a correr, adentrándose más y más en el bosque. 

Sus pensamientos cruzaban a velocidad de vértigo por su cabeza. Marie paseando por las calles de la aldea. Su rostro iluminado por aquella sonrisa que le dejó sin respiración el día que la conoció. La mirada felina que le aceleraba el pulso... Y Pierre. Maldito Pierre... Aquella mañana le envió a buscar las armas a casa del herrero. Boisseau subió a la azotea y le vio marchar. A escasos metros de la casa estaba ella. Pierre salió del portón y ambos se miraron. Sus mejillas se sonrojaron. Boisseau apretó los puños con rabia. ¡¿Por qué le tuvo que mandar a él?! Desde aquel día comenzaron a acercarse el uno al otro. Les veía paseando de la mano por las calles, charlando con cariño en la plaza mientras los rayos del atardecer acariciaban sus espaldas. No lo pudo soportar. Boisseau bajó y se sentó en su sillón. Cogió la copa de vino entre sus dedos y, enfurecido, la lanzó contra la pared. Uno de sus sirvientes vino corriendo y, tal y como se acercó a él, Boisseau se levantó y le empujó con fuerza haciéndole caer al suelo. Los sirvientes no entendían el por qué de aquella reacción y se alejaron asustados ante la mirada inquisitiva de su Señor. Claude corrió hacia él y le sujetó por los brazos antes de que llegara a alcanzar otra de las copas, pero Boisseau le golpeó con fuerza en la cara. La rabia que sentía le hacía temblar. Salió a buscar su montura. Golpeó con sus espuelas el lomo del corcel y cabalgó por los caminos sin rumbo, gritando enfurecido. Sólo podía ver el rostro de Marie cerca del de Pierre, acercando sus labios a los de él. Bajó del caballo y se dejó caer golpeando con sus puños el suelo. Fue entonces cuando le asaltó la voz divina. Cuándo la santa luz le envolvió y le encomendó su misión. 

Dejó de lado el rencor que sentía y se centró en la consecución de su tarea. Cruzó una arboleda y, de pronto, escuchó el relincho de un caballo. Boisseau se escondió detrás de un árbol y miró de soslayo. ¡Una obertura en la roca! Miró alrededor. Vio un caballo atado en un árbol. Reconoció el emblema de su familia y sonrió. Sabía que Claude no le defraudaría. Se acercó con paso firme. 
-Por fin... -murmuró sacando la daga de su cinturón-.

Se adentró en la cueva y vio que Pierre sujetaba el hombro de Claude con los ojos humedecidos. Claude estaba de rodillas junto a Marie.

-De acuerdo, Pierre... -dijo Claude apartando el pelo que cubría el rostro de Marie-. Entiérrala... Le diré a Boisseau que no os he encontrado.

Los ojos de Boisseau se abrieron por la sorpresa. Su orgullo quedó herido de muerte. Apretó los dientes con rabia y les observó sintiendo cómo el odio crecía en su pecho, oscureciendo su mirada.
-¿No los has encontrado? -dijo con ironía-.

Ambos se giraron sobresaltados. 

-¡Señor! -gritó Claude poniéndose en pie-. ¿Pero cuándo...?

Miró a Pierre contrariado y se acercó hacia el Barón. 

-Puedo explicárselo...

-¿No me digas? -murmuró Boisseau por lo bajo-. 

Boisseau parecía irritado. Claude le intentó sujetar por el brazo para explicarle lo que había pasado pero Boisseau se sacudió y se apartó de él.

-Maldito traidor... -dijo clavándole su fiera mirada-.

-Pero Señor, por favor, déjeme que...

-¡Cállate, bastardo! -gritó enfurecido encarándose a él-. No debí confiar en ti... ¡¿Me ibas a mentir cual vil rata?!

-¡No, Señor! ¡Es que yo...! -se giró a mirar a Pierre, que apretaba a Marie contra él, y enmudeció-.

-Tú, ¿qué? -le increpó Boisseau-.

Claude bajó la mirada y dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo. Se giró hacia su Señor y, casi sin voz, dijo:

-He seguido a su lado a pesar de todo lo que ha pasado este tiempo atrás. He soportado los golpes, las peleas, los insultos... He defendido su nombre incluso cuando era imposible de defender... -se acercó hacia él y sujetó la mano que blandía la daga-. Señor, ya va siendo hora de que olvide toda esta locura...

Boisseau puso los ojos en blanco y apartó el brazo colérico.

-¡¿Quién te crees que eres para decirme lo que debo o no debo hacer?! ¡¿Eh?! Maldito pordiosero... ¡Soy el Chevalier!
-¡Basta ya! -gritó Claude-. ¡No es más que un pobre desgraciado! La maldita misión de la que tanto alardea ¡no existe!  
-¡¿Cómo me puedes decir eso?! ¡El cuaderno...! 
Tocó su cota de maya en busca del cuaderno y palideció. 

-¡El maldito cuaderno lo escribió usted! ¡¿Es que no ve en lo que se ha convertido?! ¡Ha asesinado a una mujer inocente sólo por el rencor de que no le amara a usted!

-El cuaderno... -balbuceó Boisseau rebuscando por sus ropajes-. El cuaderno no está...

-¡Me está escuchando!
Claude le cogió por el brazo y le zarandeó. Estaba harto de las demencias de Boisseau. De ver cómo ahuyentaba a todo aquel que se le acercaba. Apreciaba a su Señor cómo ningún otro. Pero había llegado demasiado lejos. Miró a Marie y apretó el brazo de Boisseau.

-Señor, por favor -dijo bajando el tono de su voz-. Redima el daño que ha hecho... Permita que le de sepulcro a la joven Marie. Se merece poder descansar en paz...

Boisseau le miró desconcertado, con ojos desorbitados. Su tez blanquecina brilló por las gotas de sudor frío que comenzaron a resbalar de su frente.
-El conde... -balbuceó-. El cuaderno está en el palacio del conde...
-¡Me quiere escuchar! ¡Maldita sea! 

Boisseau miró hacia atrás, hacia la entrada a la cueva. Escuchó los ladridos de los perros del Conde y empezó a temblar. ¡Debía finalizar la misión! Miró la daga que sujetaba con mano temblorosa y apartó a Claude de un empujón.

-¡Tú no lo entiendes! -gritó fuera de sí-. ¡Hay que acabar con la bestia! 
Corrió hacia Pierre con la daga en alto. Pierre se levantó asustado y se colocó frente a Marie.

-¡No lo pienso permitir! -gritó alzando los brazos en cruz.
Boisseua paró en seco.
-¡Aparta Pierre! ¡Esto no tiene nada que ver contigo!

-¡No pienso apartarme! ¡Estás loco!

Claude se abalanzó sobre Boisseau y le sujetó por la espalda con fuerza, intentando arrancarle la daga de la mano. Boisseau se giró a mirarle desconcertado y enfureció de nuevo. El temor que le había dejado paralizado desapareció. 

-¡Suéltame, bastardo! ¡Si he de acabar con la vida de ese malnacido, lo haré! ¡Pero la misión se ha de concluir!

-¡No diga bobadas! -gritó Claude forcejeando-. ¡¿Se está escuchando?! ¡No puede estar hablando en serio!

-¡Suéltame!

-¡Por el amor de dios, Boisseau! ¡Le prometió a su hermano que cuidaría de él! ¡¿Es que no se acuerda?!

Boisseau se detuvo un instante y se giró a mirar a Pierre. Sus ojos verdes le recordaron a los de su hermano en el lecho de muerte. Pierre sólo era un niño cuando su hermano murió y le aceptó cómo a su propio hijo, pero... Pero... Boisseau frunció el ceño. 
-La misión es más importante que cualquier lazo de sangre -murmuró con determinación-.

Tiró del brazo para zafarse de Claude y se encaró a él mientras hundía la daga en el vientre de su amigo. 

-No puedo fallar... Esta vez no.

Claude le miró con los ojos abiertos por el pánico. La vida escapaba de su cuerpo mientras su mano aferraba con fuerza la de Boisseau. 

-No deje que la locura le domine... Señor... Usted vale mucho más que todo eso...

Cayó sobre sus rodillas y vomitó sangre. Pasó el dorso de la mano por su boca y limpió la sangre de sus labios. Boisseau le miró con altivez. 

-Lo siento. Pero no puedo permitir que te vuelvas a interponer en mi camino.

-¡Claude! -gritó Pierre corriendo hacia él-. 
Se agachó junto a él y le sujetó por los hombros.

-Huye... Pierre... ¡Cof! ¡Cof! Huye con el cuerpo de Marie...

Las fuerzas le fueron abandonando. Se recostó en el brazo de Pierre y, sacando su espada del cinturón, dijo:
-Úsala... No os dejará escapar así sin más... 

Pierre vio cómo los ojos de Claude se cerraban y su corazón dejaba de palpitar. Empuñó la espada con fuerza y se levantó encarándose a su tío.

-Padre estaría avergonzado de ti, Boisseau. 

-No me vengas a dar lecciones de honor. Tú no entenderías nunca la misión que me ha sido encomendada. ¡Soy el Chevalier! El encargado de acabar con la bestia que destruirá nuestro mundo...

-¡Cállate ya! ¡No eres más que un demente! ¡No hay misión alguna! ¡Estás loco!

Boisseau apretó los dientes. No. ¡No estaba loco! Él mismo había visto la desgracia que tendría lugar si la bestia despertaba... ¡Cómo el rojo de la sangre bañaría la faz de la tierra! Miró de reojo a Marie y, levantando de nuevo la daga, corrió hacia Pierre. 

-¡Alto! -gritó un hombre desde la entrada-. ¡Detente Boisseau!


Obra registrada en SafeCreative a nombre de Carmen de Loma. 


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Comentarios

  1. ¡Comienza el desenlace! ¿Qué pasará? XD
    ¡¡Espero que os guste!!
    ¡Un abrazo!

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  2. Ese Boisseau tiene una locura galopante... A menos que... Je, je, je. Ya veremos si la "demencia" de Boisseau se cobra una víctima más...

    Saludos y comparto.

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    Respuestas
    1. ¡Jajaja! Si, pobre... está un poco desquiciado...
      ¡Merci por los comentarios! ^^
      ¡Nos leemos!

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  3. Terminado éste también. Geniales los diálogos. Muy pasionales. Le dan mucha vida a la historia.
    Bueno, otro día seguiré leyendo Chevalier. Se acerca el final... Y promete ser apasionante.

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    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras ^^
      Espero que te guste el desenlace ;)
      ¡Un saludo!

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