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Luz Mágica. (StoryCubes)

Nueva historia creada en base a los dados de MundoLiterario. Espero que os guste ^^ 
¡¡Besotes!!




Ángel era un niño de una imaginación sin igual. A sus padres ya les gustaba que fuera así, su gran imaginación le hacía tener miles de historias que contar, pero estaba llegando a un punto en el cual llegaba a perder el contacto con la realidad. Su profesora estaba muy preocupada por él. Cada día debía llamar su atención para que regresara y atendiera a sus explicaciones. Pero cuando parecía que prestaba de nuevo atención, su mente volaba de nuevo.

Una calurosa mañana de verano, estando en su casa, corrió hacia la sala de estar donde se encontraba su madre con Ana, su hermana pequeña, en brazos.

-¡Mamá! -gritó azorado-. ¡Mamá, escucha!

Su madre le miró extrañada.

-Pero ¿qué te pasa? Estás todo sofocado...

-¡Hay algo en mi habitación! -dijo recordando el extraño ruido que salió desde el centro de su cuarto-.

-¿Qué? -dijo su madre poniéndose en pie y acercándose a coger el muñeco que había sobre la mesa-.

Pasó su mano por la cara. Parecía agobiado. Pero su madre, pensando que sería otra de las historias que bullían dentro de su cabeza, no le prestó atención y, con gesto rutinario, le entregó el muñeco a la niña. Se volvió a sentar.

-A ver Ángel, ¿en qué habíamos quedado? -dijo sonriendo con dulzura-.

-¡Pero esta vez es verdad! ¡No son imaginaciones mías! ¡Te lo juro!

-Ya hemos hablado de esto, cariño. Entiendo que tienes ganas de contarme una de tus historias, pero ahora he de dormir a tu hermana, a ver si me deja descansar un poquito, que anoche no hubo manera de que durmiera...

Ángel apretó los puños de rabia y se acercó a ella.

-¡Pero esta vez no me lo he imaginado! -dijo cogiéndola del brazo y tirando de ella-. ¡Es verdad!

Con uno de los empujones, el muñeco de Ana cayó al suelo y la pequeña empezó a llorar.

-¡Ángel! ¡¿Quieres parar?!

Aquella reacción por parte de su madre le dejó parado, mirándola con cierto temor. A veces mamá parecía tener dos caras. Normalmente su rostro tenía dibujada una sonrisa y una mirada llena de cariño. Pero cuando llevaba varios días sin dormir, cambiaba de repente por una cara enfada, con ojos tristes y apagados. Era como una mujer con dos máscaras.

-V...Vale... -murmuró con el ceño fruncido-.

Se dio media vuelta y corrió hacia su habitación con los ojos llenos de lágrimas.

-Ya está, Ana... -oyó que decía mientras acunaba a la niña-. Venga cariño, duérmete un ratito, ¿vale?

Subió las escaleras y se detuvo frente a la puerta de su habitación. Estaba cerrada. Frente a él, el enorme póster con la letra L, logo de sus dibujos preferidos, parecía negarle la entrada.

-Era sólo mi imaginación... -se dijo a si mismo cogiendo el valor para volver a entrar-.

Puso la mano en el pomo redondo de la puerta y lo giró. Apenas abrió la puerta, una fuerte ventada le arrastró hacia el interior. Intentó sujetarse al marco de la puerta, pero el aire le elevó por los aires arrastrándolo hacia lo que parecía un vórtice blanco que, sin entender como, apareció en medio del cuarto. A la vez que era engullido sin remedio, pudo ver como parte de sus cosas giraban junto a él. Pudo ver el muñeco de acción con el que jugaba a todas horas, la almohada de su cama, el viejo juego de cuentas de madera... Estaba muy cerca del vórtice. Cerró los ojos con fuerza y sintió cómo su cuerpo era engullido por aquella extraña luz.

Al abrir los ojos, para su sorpresa, ya no estaba en su cuarto. Ni siquiera en su casa. Frente a él se abría una inmensa pradera que se perdía colina abajo hasta un pequeño riachuelo. Elevó la mirada y, en la cima de la montaña, pudo ver una torre. 

-Pero -dijo frotándose los ojos-. ¿Dónde estoy?

Decidió bajar hasta el riachuelo para beber un poco de agua, aquel extraño viaje, por alguna razón que desconocía, le había dado sed. A medida que descendía, pudo distinguir entre unos árboles lo que parecía una pequeña tienda de campaña. Intrigado, se acercó por si hubiera alguien.

-¿Hola? -dijo casi sin voz. Carraspeó y volvió a repetirlo, esta vez más alto-. ¡¿Hola?!

No hubo respuesta.

De pronto, una silueta apareció en el centro del riachuelo. Era una mujer vestida con un vestido vaporoso de color blanco con una balanza en la mano que parecía llamarle. Ángel reculó unos pasos asustado.

-Tranquilo -dijo una voz a sus espaldas-. No debes asustarte de ella.

Se giró sobresaltado y, con sorpresa, vio que el que le había hablado era, ni más ni menos, que un duende.

-Pe... pero... -no atinaba a decir las palabras. Aquello era imposible. ¿Un duende?-. T... Tú...

-Hola Ángel, hacía mucho que te esperábamos -dijo el duende sonriente-. Soy Linfor y ella es Justice.

Miró dirección al lago. La mujer llevaba una venda en los ojos, pero parecía muy hermosa. El duende le cogió por el brazo y le acercó al borde del río.

-Mi querido Ángel -dijo la tierna voz de la mujer-. Hacía tanto que esperábamos tu llegada...

Ángel no podía creer lo que estaba pasando, pensó que se había dejado llevar por su imaginación de nuevo y se pellizcó el brazo con fuerza para regresar a la realidad. Pero en lugar de volver a su cuarto, seguía junto al duende, quién le miraba con cara de no entender lo que acababa de hacer. Se ruborizó y apartó la cara avergonzado.

-Necesitamos tu ayuda -continuó diciendo la mujer-.

-¿Mi ayuda? -preguntó intrigado-.

-Eres aquel que con mano justa detendrá al ser oscuro que habita en aquella torre -dijo señalando la cima de la colina-.

Se giró a observar la torre con mayor detenimiento y sintió un escalofrío. La pradera brillaba con un sol radiante, pero en lo alto de la cima se cernían unos nubarrones negros que oscurecían lo que tocaban. La torre era lúgubre,  con sus piedras de roca negra y sus ventanas de cristales rotos.

-¿Un... un ser oscuro...? -titubeó asustado-.

-Debes liberar nuestra tierra de ese monstruo -añadió el duende-. Sólo tú puedes hacerlo.

-Pero yo no soy ningún héroe -dijo dando dos pasos hacia atrás intentando alejarse de ellos-.

-Pero tú eres el portador de la Luz Mágica -dijo Justice-.

-¿Qué?

No sabía de qué estaba hablando. ¿Una luz mágica? Aquello no tenía sentido.

-Vamos, despierta ya Ángel -se dijo a sí mismo pellizcándose de nuevo-. ¡Maldita imaginación!

-No puedes escapar de tu destino, eres el elegido -dijo Justice acercándose hacia él. No caminaba, simplemente se deplazaba sobre el agua como si volara-. El ser oscuro devorará nuestra tierra si no le detienes...

-Y no se quedará ahí, una vez haya agotado nuestra luz, viajará a tu mundo y también lo devorará, sumiéndolo en una oscuridad total -añadió Linfor-.

-¡Pero yo no soy ningún elegido! ¡Ni siquiera sé de qué luz estáis hablando!

Al girarse para marcharse de allí, algo cayó al suelo cerca de sus pies. Se detuvo un instante y vio la linterna que había guardado en su bolsillo antes de que toda aquella locura comenzara. Se agachó y la cogió con la mano.

-¡La Luz Mágica! -gritó Linfor sin poder ocultar su alegría-. ¿Ves cómo sí que eres el elegido?

-¿Esto es la luz mágica? -dijo levantando la linterna-.

-Acércate, Ángel -dijo Justice-.

Se acercó a ella y se ruborizó. Sí, era una joven preciosa.

-Coloca el arma en la balanza. Si no eres el elegido, la balanza caerá por el peso de la linterna hacia ese lado. Pero si eres el que todos esperan, quedará inmóvil.

Un poco incrédulo, colocó la linterna en una de las bandejas de la balanza, esperando que ésta se moviera. Pero, para su sorpresa, se quedó inmóvil.

-¡Es cierto! -gritó con sorpresa-. ¡Sí que soy el elegido!

Su misión sería subir hasta la torre para encontrarse con el ser oscuro que habitaba en ella. Pero Justice le advirtió que se cuidara de alumbrarse a sí mismo o a Linfor, quién le acompañaría en su aventura, con su arma. Pues la Luz Mágica, si bien acababa con la oscuridad de los seres oscuros, volvía malvados a los que ya brillaban de luz, y sus sombras quedarían atrapadas por las garras del Señor Oscuro.

-De acuerdo -dijo sujetando con fuerza la linterna-. Pues andando.

Linfor y él se encaminaron hacia la torre.

-Ángel -dijo una voz lejana-.

Miró a su alrededor extrañado.

-Ángel -volvió a decir la voz-.

De pronto todo oscureció. Al principio se asustó, pero entonces se dio cuenta de que tenía los ojos cerrados. Al abrirlos, pudo comprobar que la voz que le había estado llamando era la de su madre, que estaba sentada junto a él en la sala de estar con Ana entre sus brazos.

-Cariño, ¿por qué no te vas a la cama? -dijo pasando su mano por el pelo de Ángel-. Estarás más cómodo que en el sofá...

Ángel se incorporó de golpe. Miró desconcertado a su alrededor. Estaba de nuevo en casa. Parecía que, otra vez, su imaginación le había jugado una mala pasada. Miró a su madre con un amago de sonrisa y asintió.

-Buenas noches, mamá...

-Buenas noches cariño.

Le besó en la frente y se dirigió hacia la cunita para acostar a Ana.

Ángel subió a su habitación y se dejó caer sobre la cama, abrazando la almohada. Le gustó la idea de ser el elegido, aquel que salvaría el mundo. Pero no había sido otra cosa que un sueño. Cerró los ojos y, de pronto, escuchó una voz que reconoció al instante.

-Ángel, Él te ha hecho regresar, pero encontraremos la manera de volver a abrir el portal-dijo Linfor desde un pequeño vórtice que se abrió cerca de la puerta-. Estate preparado...

Poco a poco el portal se fue cerrando hasta que la habitación quedó de nuevo a oscuras. Se puso en pie y vio que en su mano seguía sujetando con fuerza la linterna.

-Claro que sí -dijo en voz alta, con determinación-. Volveré.


Obra registrada a nombre de Carmen de Loma en SafeCreative.

Comentarios

  1. Relato lleno de fantasía. Me recuerda un poquito La Historia Interminable. Me ha gustado mucho.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. ¡Hola José! :)
      Muchas gracias. A mí también me gusta mucho este relato. Aunque no había caído en la cuenta de que tenía un aire a La Historia Interminable XD La película me encantaba cuando era niña... (y ahora también ;) )
      ¡Un abrazo y gracias por pasarte! ^^

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